En busca de un Defensor
“estamos hablando del Defensor del Pueblo y éste no debería dejarse abrazar con nadie, ni con el Presidente, ni con el copiloto García Linera, ni con el “Gringo Gonzales”, ni con la Gabriela Zapata, ni con el ministro Quintana…”
Después de que mi valerosa cholita cochabambina lanzara en las dependencias del Palacio Real de la plaza Murillo su histórico grito de ¡No me defiendas compadre!, al haberse enterado de que el Gobierno y sus pícaros legisladores ya conocen el nombre del personaje en cuestión, la valerosa periodista volvió a lanzar otro histórico grito en pleno despacho del omnipotente mandatario: ¡Basta de mamadas porque nuestro pueblo no es tonto!
Después de su épica declaración, muy propia de una chola cochala, me relató los pasos que cumplieron más de un centenar de ciudadanos para optar a un cargo tan importante y tan respetado en gran parte de los países democráticos del mundo.
Mi heroína cochabambina fue recibida con admiración en nuestra casa periodística y le di un abrazo efusivo por la valentía que demostró al gritar su verdad en la casa misma del mandamás, quien no desea un Defensor del Pueblo que provenga de filas extrañas sino de “los movimientos sociales” a los que aprecia y agradece por lo cual los quiere, admira y desea tenerlos muy cerquita. Cuando mi abrazo a la cholita amenazaba en convertirse en una apechugada, la virtuosa valluna me propinó un codazo en mi costillar para luego decirme: “estamos hablando del Defensor del Pueblo y éste no debería dejarse abrazar con nadie, ni con el Presidente, ni con el copiloto García Linera, ni con el “Gringo Gonzales”, ni con la Gabriela Zapata, ni con el Ministro Quintana…”
A continuación, la cholita me informó acerca de la frustración que seguramente sintieron los ciudadanos (varones y mujeres) cuyos expedientes fueron rechazados por los legisladores que ya estaban enterados del feliz mortal que le gustaría a Evo tener a su lado defendiendo al pueblo pero sin fastidiar a Evo, ni a Quintana, ni a los ministros, ni a la Ministra de Informaciones, ni al ministro blindado Luis Arce Catacora.
Resumiendo nuestra patriótica conversación, mi comadrita Macacha me dijo: “Para seguir mareando a la perdiz”… que somos todos nosotros, quienes nos gobiernan deberían informarnos que nuestros legisladores siguen trabajando intensamente en la patriótica misión de encontrar a un buen Defensor del Pueblo, cuando ellos ya saben quién será nuestro mejor Defensor, quien no producirá urticaria a nuestro Presidente Vitalicio, quien ya tiene bastantes problemas personales. Para concluir permitidme decir: ¡Viva mi valiente colaboradora periodística la cholita Macacha viuda de Racacha!
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