Un film inolvidable
Me refiero a “El Cártel de la Mentira”, el film de Andrés Sal.lari que nuestro Gobierno patrocinó apuntando a repostular a Evo en las elecciones generales de 2019. Aunque no parecería apropiado valorar el trabajo de Sal.lari como un documental serio, tampoco se trata de un bodrio. Veamos.
Sal.lari pretende probar en su película que la caída de Evo en el último referendo, habría sido orquestada desde la embajada norteamericana. Procurando sacar de una vez por todas del Gobierno al “indio rebelde”, la embajada habría recurrido a la prensa local sembrando imposturas sobre Evo en la conciencia del pueblo –el denominado “cártel de la mentira”: ANF, Erbol, El Deber y Página Siete. De esa manera, el presunto vástago fruto del noviazgo entre Gabriela Zapata y el presidente, como argumento moral y jurídico, habría sido científicamente fraguado para destruir o lesionar, siquiera, los lazos afectivos que ligan al pueblo con su líder Morales.
No obstante, y como era previsible, Sal.lari no aporta nada sustancialmente nuevo al caso. Ya el ministro Juan Ramón Quintana dejó claro, respondiendo a la interpelación de la Asamblea Nacional en contra suya del 18 de mayo de 2016, a propósito del presunto tráfico de influencias mediante Gabriela Zapata (todavía gerente de Camce), que bajo ninguna circunstancia el Gobierno respetaría los resultados del referendo y que recurrirán a cualquier medio a su alcance para quedarse al menos hasta 2025 en el poder.
¿Exagero? Recordemos a Quintana reaccionando ante la caída de Evo en el referendo pasado, durante los primeros días posteriores al golpe inesperado, cuando aún parecía estar en shock, como aterido en la propia rabia, y tal vez, cuando todavía no habría elucubrado aquello del “cártel de la mentira”. Entonces nuestro “superministro” atribuía su derrota a la intervención imperialista en un nuevo campo de batalla: ¡las redes sociales por Internet!
Para ganar la batalla de Internet será preciso crear un nuevo servicio de inteligencia secreta que intervenga las redes sociales. Además, claro, será necesario cerrar los medios de comunicación convencionales que se opongan al Gobierno, decía Quintana. Cabe reiterarle al Ministro un interrogante que ya le hemos formulado en esta columna, y que por supuesto, no ha respondido: su nuevo servicio, ¿sólo actuará en las redes sociales?, ¿ya definió cómo los agentes del nuevo servicio torturan a los presos?
Sigamos con el “cártel de la mentira”, si el guión de Sal.lari parafrasea fielmente las elucubraciones de Quintana, sin arrojar luz alguna sobre los hechos del caso Zapata que permanecen oscuros, como su vertiginoso ascenso a la gerencia de una empresa transnacional, por ejemplo, ¿para qué contratar un periodista extranjero?
Confeccionar un buen traje implica tanto a la calidad del género como a las destrezas del sastre. Quintana ya tenía la tela, pero como no era muy buena, necesitaba un buen sastre y Andrés Sal.lari le hizo un trabajo genial. Sin duda, “El Cártel de la Mentira” nos presenta una manipulación y adulteración de la información con fines políticos (explícita y subliminal), como nunca lo habíamos visto en un film boliviano. Andrés Sal.lari ¿no será un peón al servicio de otro cártel?
El autor es economista.
Columnas de JUAN JOSÉ ANAYA GIORGIS

















