Covid-19: ¿un virus racista?
De acuerdo al diario El Mundo, de Santa Cruz, correspondiente al día de ayer, el presidente del colegio médico de la ciudad de La Paz, el señor Luis Larrea, dialogando con la prensa sobre las medidas a tomar frente a la emergencia mundial de sanidad subsecuente a la irrupción del letal coronavirus, sugirió al Gobierno restringir el ingreso al país de los turistas y ciudadanos extranjeros que provengan de sitios en lo que se habrían registrado enfermos con aquel extraño y novísimo virus.
Al respecto, el ministro de la Presidencia, el señor Yerko Núñez, se pronunció en el mismo sentido, aunque siendo aún más explícito, ya que se refirió concretamente a los extranjeros: “se reforzará el control al ingreso de ciudadanos extranjeros”, dijo, disipando dudas sobre el origen nacional o exterior de los “turistas”, una cuestión que, al parecer, Larrea no había esclarecido del todo –punto para Larrea-.
¿Será que el coronavirus discrimina a los bolivianos o prefiere a los extranjeros? …Y ¿qué hay del cuantioso contingente de comerciantes bolivianos que van a la China, si bien no necesariamente al área restringida, y vuelven con mercaderías, y cuyo volumen numérico, muy probablemente supera con creces a los turistas extranjeros que visitan el país?, ¿será que su condición boliviana les confiere inmunidad?
Personalmente, dudo mucho, no lo creo, o no quiero hacerlo, que tengamos un Ministro de la Presidencia tan poco iluminado como para no advertir, o ignorar, los detallitos sobre el contagio entre humanos (¡no existe racismo entre los virus!) y verter declaraciones de tan grueso calibre xenófobo y bruto. Prefiero pensar que lo dijo por descuido al conjugar infelizmente una oración.
No obstante, lo más probable, no es ni lo uno, ni lo otro, sino que lo haya hecho apuntando a cosechar votos en un país con una cultura, sobre todo en los valles y tierras altas, de arraigados prejuicios hacia todo aquello que resulte diferente o extraño a lo visto y vivido en su vida cotidiana, especialmente si lo extraño es extranjero.
Inevitablemente, todo esto me hace pensar en la palabra “cosmopolita”. Debemos ese adjetivo al filósofo griego Diógenes de Sinope (412 a.C-323 a.C.), alias “el Cínico”, aunque autodefiniéndose a sí mismo como un hombre cosmopolita, Diógenes no pretendía decir que viajaba mucho, como cabría inferir del diccionario, ni vanagloriarse en modo alguno de éxito social, como también podría entenderse actualmente.
En aquellos tiempos, interpelar a la inferioridad racial de la gente formada en la cultura de otra nación, constituía el ingrediente básico de la propia cohesión nacional, y al parecer, lo sigue siendo sin gran diferencia, o incluso peor. Y para demostrarlo, la no tan fresca pero actual victoria electoral de Trump o las declaraciones de Yerko resultan evidencias contundentes. En su contexto, Diógenes acuñó la expresión cosmopolita, para designar su visión sobre una comunidad universal de hombres libres y sin patria, con base en ciertos valores compartidos y la tolerancia a sus mutuas diferencias.
Y hay más. Diógenes, veía en el apego a las cuestiones materiales y al poder, la principal causa del sufrimiento e infelicidad humanas. Observando los abultados afanes y penalidades que implicaba preservar la riqueza, “nunca bien habida”, alejando la virtud a fuerza del deseo incontrolado por más poder, manifestaba: “la codicia es la madre de todos los males”. ¿Qué le parecerá todo esto a su excelencia, nuestra presidenta Jeanine Añez?
El autor es economista.
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