Sometidos al poder de turno
La gloriosa Central Obrera Boliviana (COB), fundada hace 66 años en el advenimiento de la revolución nacional del 9 de abril de 1952, fue testigo y protagonista de los cambios que se lograron fruto de la nacionalización de las minas, la reforma agraria, el voto universal y la participación de las mujeres en las elecciones nacionales, cambios que contribuyeron también al nacimiento de la COB, con dirigentes comprometidos con las reivindicaciones de los trabajadores asalariados del país.
Nada más recordar a don Juan Lechín Oquendo, Simón Reyes, Óscar Salas, Víctor López Arias, entre otros, dirigentes mineros que no dudaron de arriesgar sus vidas por la defensa de las reivindicaciones sociales y económicas a favor de los mineros, protagonistas del nacimiento de la COB y propulsores del sindicalismo conformado por diferentes gremios laborales, que fueron consolidando un movimiento obrero serio, comprometido y coherente son sus principios.
La COB a lo largo de la historia, principalmente en épocas de la dictadura militar, décadas de los años ‘60, ’70 e inicios de los ’80, asumió una posición crítica y contestataria frente a quienes atentaron contra la democracia con golpes militares para hacerse del poder, conculcaron los derechos humanos, anularon el Parlamento, atentaron contra la libertad de expresión y el derecho a la sindicalización, imponiendo la persecución, tortura, exilio y muerte de dirigentes contrarios al régimen dictatorial. Los partidos de la derecha en función de gobierno, también fueron resistidos por la COB a través de huelgas de hambre, marchas de protesta, bloqueo de caminos, en defensa de la democracia y de las libertades individuales y sociales.
La COB surgió a la vida sindical pregonando la independencia política a nivel nacional e internacional, independencia que ahora se pone en entredicho, porque los actuales dirigentes lograron una alianza con el gobierno del MAS, comprometiendo la “gloriosa organización de los trabajadores” que ha perdido el horizonte, fruto de los cambios originados con la aplicación del modelo neoliberal el año 1985, que debilitaron las organizaciones sindicales de mineros, fabriles, campesinos, maestros, gremialistas, que finalmente fueron cooptados por el Gobierno, al extremo que los cocaleros tienen intenciones de apoderarse de la COB sin que sean asalariados ni dispongan de empleadores al frente.
El caricaturista Luzbel de manera elocuente caracteriza en una viñeta, cambiando el logotipo (la razón social) en el edificio de la Central Obrera Boliviana (COB) por una nueva, la Central Obrera Masista (COM), en clara alusión a la actitud asumida por los dirigentes de los trabajadores asalariados del país, que ahora se identifican y apoyan al “proceso de cambio” e, incluso, están de acuerdo con vulnerar la Constitución Política del Estado, apoyando la repostulación del presidente Morales en las elecciones de 2019 y desconocer los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016.
El hecho no es aislado, porque el presidente Morales con motivo del 66 aniversario de la COB el 17 de abril pasado, prometió dar “más poder a la Central Obrera Boliviana” y hacerla participar del Consejo de Estado junto con la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam), anulando la Asamblea Legislativa, además de entregar 10 vehículos, computadoras portátiles y el compromiso de la construcción de un edificio para la COB. Él fue criticado por la ciudadanía nacional que no comparte los regalos, donaciones o prebendas que comprometen la independencia política de una organización nacional que otrora constituía el baluarte de los movimientos políticos y sindicales y ahora se encuentran sometidos al poder de turno, sin horizonte y sin iniciativas que contribuyan a mejorar las condiciones de los trabajadores asalariados. Priman ahora intereses personales y partidarios.
El autor es periodista y docente universitario.
Columnas de CONSTANTINO ROJAS BURGOS




















