Feminismo
Bien por Argentina. El movimiento feminista de ese país logró avances en la materialización de un derecho humano. No obstante, este tema de la despenalización del aborto también destapó prejuicios y taras sociales contra las mujeres y, particularmente, contra el feminismo. En ese sentido, increíble que en pleno Siglo XXI la liberación femenina continúe causando tanta roncha.
Valga recordar que en la historia de la humanidad, llena de abusos y asimetrías, las primeras “subalternas”, las primeras “otras”, fuimos las mujeres. El emblemático socialdemócrata alemán y uno de los referentes más interesantes del feminismo marxista y anarquista, August Bebel, resumía: “La mujer y el trabajador tienen en común ser oprimidos desde tiempo inmemorial. A pesar de las modificaciones que ha sufrido en la forma, se ha mantenido invariable. En el largo decurso de la historia, tanto la mujer como el trabajador rara vez han tenido conciencia clara de su servidumbre, menos aún la primera, que estaba colocada a más bajo nivel que el obrero, porque ha sido y es aún considerada y tratada por éste como un ser inferior”.
La enunciación de la “otredad” siempre tuvo funcionalidades específicas: Someter, quitar, exterminar. La enunciación de la “otredad” justificó la esclavitud de pueblos enteros; el exterminio, discriminación y ninguneo de culturas “extrañas” frente al pensamiento dominante; a nombre de la “otredad” se conquistaron territorios ajenos; el convencimiento de que el coyuntural “enemigo” es “otro” respecto a uno, permite matar y/o ofrendar la vida en el absurdo de la guerra.
De esa manera, allende de las diversidades que enriquecen a la humanidad, el problema radica en la funcionalidad social del resalte de las “diferencias”. Como indicaba Wallerstein, los sistemas de dominación se amparan en mentadas “diferencias” que sacralizan roles sociales adjudicados a colectividades concebidas cual, “naturalmente”, condicionadas a ello. Por ejemplo, muy conveniente para ciertos órdenes abusivos y autoritarios, la división de la humanidad en “razas”.
Desde el Siglo XIX, hasta se pretendió dar un cariz “científico” a tales arbitrariedades. Lo que antes de escudaba en trasnochadas elucubraciones sacras y religiosas, vino a contaminar a la misma ciencia. Fue cuando arreciaban interpretaciones antojadizas del darwinismo con la aparición de seudo ciencias al estilo de la frenología, eran esos nefastos tiempos en los que se “sopesaban” “cualidades biológicas” para rendir culto a “razas superiores” que -oh casualidad- eran las que lucraban con el sudor del prójimo, asumido “innatamente” como fuerza de trabajo.
Lo que poco se dice es que las ideas que abrigan al racismo, generalmente vienen acompañadas de estereotipos que dan sustento al sexismo, a la misoginia y al machismo, y cuya funcionalidad es mantener a las mujeres en roles subalternos, pasivos y de sometimiento.
Por ello, señores/as, ¿cómo es posible que se sorprendan si, al igual que afrodescendientes, indígenas o trabajadores, las mujeres nos rebelemos ante la sumisión, dominación y encierro a los que históricamente hemos estado sometidas? ¿Cómo es dable que incomode tanto nuestra liberación si somos nada más y nada menos que la mitad de la humanidad? ¿Se ubican que, sólo remitiéndonos a este país, tuvo que pasar la mitad del Siglo XX para que nos consideren ciudadanas?
Asúmanlo, señores/as. Como otros grupos subalternizados, por supuesto que las mujeres nos hemos insubordinado y lo seguiremos haciendo. Y nuestra rebeldía se llama feminismo.
La autora es socióloga.
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA





















