Escalada naval en el mar meridional chino
Como ya lo comenté anteriormente, los problemas en el mar meridional chino en lugar de mitigarse siguen acrecentándose. Y las ambiciones geopolíticas del dragón del oriente tienen mucho que ver en esto. El mar meridional de China es una masa acuática que forma parte del océano Pacífico; abarca desde los estrechos de Karimata y Malaca hasta el estrecho de Taiwán y cubre alrededor de 3.500.000 kilómetros cuadrados de superficie.
Beijing reclama para sí un conjunto de islotes esparcidos en la zona; es más, ha decidido no acatar fallos internacionales en su contra y, con tal motivo, está en pugna (por ahora diplomática) con varios países del área tales como Brunei, Filipinas, Vietnam, Taiwán, Malasia e Indonesia. Hace pocas semanas, el señor Jim Mattis, secretario de Defensa de los Estados Unidos, advirtió que su país “tomaría los pasos adecuados” para contrarrestar una creciente presencia naval china en ese conflictivo lugar. A todo esto, gran parte de la carga de puertos del Pacífico pasa por el mar meridional chino, es una salida vital para el masivo comercio mundial y el tráfico de mercaderías realizado mediante buques mercantes. Esa condición peculiar le ha dado a EEUU –en bandeja de plata– la posibilidad de mantener cerca y en estado de alerta a su poderosa Séptima Flota, para así garantizar el libre paso por esas convulsionadas aguas. La presencia de la marina norteamericana viene provocando, desde tiempo atrás, una creciente inquietud en círculos políticos y militares chinos, los que ahora han decidido volcar todos sus esfuerzos para tratar de incrementar su propia marina de guerra y contrarrestar así la presencia extranjera. Se comenta que Beijing tiene un plan global para aumentar sustancialmente su armamento naval con miras a intentar equipararse con EEUU a partir de 2030. Sin embargo, aún si Beijing aplicara masivamente sus recursos sólo en la construcción de naves para un potencial futuro conflicto marítimo, el proceso le llevará mucho más tiempo. Presumiendo que en el interín EEUU no aumente su propio poderío naval, la diferencia igual seguiría siendo muy grande. Para comenzar, Estados Unidos tiene nada menos que 20 portaaviones súper modernos con su enjambre de acorazados protectores alrededor y que surcan los mares acompañados de submarinos nucleares que vigilan desde abajo. No menos importante, cada uno de esos portaaviones carga decenas de cazas, bombarderos y helicópteros. En conjunto y a nivel planetario, se trata de una fuerza naval formidable, como el mundo jamás ha visto antes.
Pese a su actual pujanza, China está todavía lejos de EEUU en el campo naval, sin contar otras fragilidades chinas tales como enormes bolsones de pobreza en el interior, lejos de las luces de Shangai o de Hong Kong, las que no deben encandilarnos; se trata de una mínima parte próspera frente a inmensas áreas de marginalidad y miseria que pocos ven. Sí, es probable que China tal vez algún día alcance a los Estados Unidos de América, pero no será tan rápido como pronostican algunos agoreros. Y mientras, las tensiones en el mar meridional chino continuarán hasta que prime el entendimiento o hasta que finalmente estalle un grave enfrentamiento en ese crítico rincón del mundo. Así están las cosas.
El autor es ex Canciller de Bolivia, Economista y politólogo
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