La persistente intolerancia boliviana
Intolerancia que deriva en racismo y discriminación. Es la realidad que ha vuelto a despertar con fuerza en Bolivia tras el conflicto por las irregularidades en las elecciones anuladas y la renuncia del expresidente Evo Morales.
La idea de que haya un pensamiento diferente es casi inaceptable porque o eres de izquierda o eres de derecha. La libertad de expresión tiene una máscara de censura y el odio entre hermanos no desaparece.
Muchos ciudadanos se creen dueños de la verdad y sólo aceptan lo que sus oídos quieren escuchar y lo que sus ojos quieren ver, con la falsa sensación de estar cobijados por el Gobierno de derecha. Varios, a los que les dicen del campo y son calificados con adjetivos denigrantes, están llenos de rencor y adoctrinados para conveniencia de élites, mal llamadas de izquierda.
Esto sólo significa intolerancia. Aquello que no nos permite crecer como sociedad, que impide ver lo bueno del otro y nos hace odiar cada día más, provocando el beneficio e incluso el placer de los pocos que están en el poder. Algo que debemos romper.
Y para romper este mal simplemente debemos darnos cuenta que el camino de la tolerancia, de la aceptación del otro tal y como es, de la discusión de ideas y del respeto mutuo, es el que debemos recorrer juntos por el resto de nuestras vidas.
Cuando logremos esto, realmente viviremos algo de lo que significa la verdadera democracia, que en los últimos tiempos se ha vuelto en una nebulosa que desata constante odio y desprecio entre personas.
Como dijo el artista Joan Miquel Viadé Freix: “No somos nada distintos del otro en muchos aspectos, pero seguimos viendo solamente que ese otro es distinto; básicamente pensamos que es el otro; un ente ajeno a mí, distante y diferenciado”.
El autor es Periodista de Los Tiempos
Columnas de Christian Burgos















