Dos virus acechan: políticos y Covid-19
“A río revuelto ganancia de pescadores”, dice la máxima popular, y en tiempos preelectorales es cuando mejor se aplica. Es parte de la lucha política aprovechar la debilidad de tu enemigo, actuar en el instante preciso en que el adverso baja la guardia y dar la estocada certera en el punto más sensible. Y luego recibir las congratulaciones, las cámaras, los micrófonos, apariciones en noticieros, comentarios en redes sociales y, claro, la palmadita en el hombro de tus seguidores y los tres porotos de regalo de tus jefes.
Pero lo que no es admisible —peor aún: es inmoral y antiético— es que funcionarios del Gobierno central y de instancias subnacionales, además de algunos dirigentes de instituciones, aprovechen esta catástrofe sanitaria ocasionada por la pandemia en Cochabamba para lanzarse furibundos ataques y amenazas. Casualmente, a pocos días de promulgada la ley de elecciones. Pedidos de renuncia a las autoridades subnacionales por un lado, amenazas con procesos por otro, un alcalde desprestigiado y rechazado por la ciudadanía y abandonado por sus propios aliados políticos que dice que es “legítimo” y todo en medio de una incapacidad y lentitud de todas, absolutamente todas las autoridades, para dar solución a las crisis sanitaria.
Así se muestra Cochabamba en estos días de pandemia, ahora infectada también por un segundo virus tan letal como la propia Covid-19: el virus de la ambición política, del oportunismo inmoral, de la guerra sucia.
Lo peor es que de este río revuelto ningún político sale perdiendo, los únicos derrotados son los ciudadanos, como siempre.
El autor es Periodista.
Columnas de MICHEL ZELADA CABRERA
















