Acosadas
Hace poco hice un pedido simple, ecribí: Coloca la imagen de un corazón roto en este comentario que hago en Facebook, si alguna vez te acosaron o abusaron, para demostrar que no hay ninguna exageración. 100 de 100 mujeres colocaron la imagen. Ningún hombre respondió a esta solicitud.
Casi al mismo tiempo, por sus redes sociales, dos valientes mujeres contaron sus casos. Informaron que hace mucho tiempo fueron abusadas por amigos, en un caso, y por un profesor, en el otro. Son hechos antiguos que aún les carcomen el alma. Removieron las cenizas porque la rabia, la angustia y la vergüenza impiden su normal desarrollo e inhiben sus capacidades para relacionarse adecuadamente con el sexo opuesto. Fueron revelaciones que sacudieron el mundillo virtual boliviano.
A quienes pusieron el corazón les pregunté por qué no lo dijeron antes. Respondieron que a la gente no le interesa, les da vergüenza, se sienten culpables, les da pena lastimar a sus padres o creen que no es un tema del que se podía hablar.
Fue una cascada de respuestas que aún no cesa.
La catarsis es oportuna. Sirve para exteriorizar. Pero hay que pasar de la denuncia a la terapia profesional, analizando caso por caso, porque hay creencias muy arraigadas que no pueden ser tratadas únicamente con mensajes que intenten levantar el optimismo.
Estas creencias familiares son aquellas que pasan de generación en generación como algo válido y han quedado ancladas en las personas. Aquí va un par de ejemplos: ¿Qué hace creer al marido que tocando la bocina de su auto ante el garaje hará saltar a su esposa para que vaya a abrirle las puertas, en qué se sustenta esa acción? O ¿En qué se ampara una doña para indicar a sus hijas que tiendan la cama de su hermano porque es el hombrecito de la casa?
Respondiendo a esas preguntas es posible explicar conductas abusivas; pero se debe ir más allá. Profundizar e intervenir desde algún lugar y no quedar sometidos como cómplices silenciosos u observadores impotentes. La circulación de la palabra y la escucha, la contención/acompañamiento y la reflexión son las ofertas del psicoanálisis.
Es necesario interrogar al abuso, como pide la experta Ana Laura Rodríguez Yurcic, abrirle un espacio para que se diga lo que es y soportar su complejidad, desde una posición comprometida con el crecimiento y desarrollo de la sociedad.
Sino sólo seremos indignados espectadores. Y pasados cinco segundos iremos a otros temas. A indignarnos con los bloqueos, o con los abusos sectoriales, pidiendo mano dura. Pidiendo a gritos normalizar la violencia. Sin haber dado una solución profunda a nuestros demonios internos.
La autora es Premio Nacional de Periodismo Especializado en Banca
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