Ojos cerrados ante el golpe
Se llama Mariana Yamila Narvaez Vargas y tomó la palabra en nombre de Bolivia en la vigésima novena sesión especial del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, con sede en Ginebra, el 12 de febrero reciente. Usó 25 segundos de tiempo para decir que su delegación se desvincula del consenso expresado en la más reciente resolución del organismo sobre el golpe de Estado en Birmania (Myanmar). En dicho documento, el Consejo condena las violaciones a las libertades en el país asiático.
El 1 de febrero pasado, los militares birmanos tomaron el poder, desconocieron las elecciones de noviembre e impidieron la instalación del parlamento electo. Dijeron que hubo fraude. Con ese argumento no probado, desataron una represión que ya ha cobrado al menos cien vidas. En este mes se produjeron 600 detenciones.
De los 49 países que forman parte del Consejo de Derechos Humanos, solo China, Rusia, Venezuela y Bolivia opinaron que el organismo no puede inmiscuirse en los asuntos internos de Birmania. La delegada boliviana dijo textualmente: "Bolivia considera que este es un tema interno y que se debe respetar la soberanía de los estados, por lo que se des-asocia del consenso sobre la resolución adoptada y pide que esta des-asociación quede en actas".
El hecho coincide con un acalorado debate interno en Bolivia sobre si en noviembre de 2019 hubo o no un golpe de Estado que llevó a la renuncia de Evo Morales.
La diplomacia boliviana entra así en una contradicción flagrante. ¿Qué te hace proclamarte demócrata en Bolivia y pro golpista en Birmania, en el mismo instante y sin ruborizarte?
Columnas de LA H PARLANTE


















