Charo se fue
Tras la renuncia de Rosario Baptista como vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE), la democracia boliviana está ante su principal prueba de fuego.
Baptista ha dejado una impecable carta de dimisión en manos de David Choquehuanca en la cual le pide que se tome en serio sus palabras y devuelva al pueblo boliviano la paz y la democracia que el MAS ha empezado a confiscarle. A estas alturas, ya parece seguro que el Vicepresidente tirará la carta de la exvocal a la basura, alineado como está al neoestalinismo imperante.
Baptista fue crítica del TSE desde que asumió el cargo tras una ardua negociación en el poder legislativo entre el Gobierno de Áñez y el MAS. Tuvo un conflicto precoz con Salvador Romero, quien, tras presidir dos elecciones, optó también por la renuncia. El regreso de Dina Chuquimia al seno del TSE mostró lo que imagina el MAS para futuros procesos electorales.
La salida de Baptista deja al TSE, enterito, en manos del MAS.
Nada puede hacerse con un órgano electoral cargado de sospechas, nada, ni siquiera una consulta vecinal o parroquial.
La semana anterior, el MAS saludó el primer año de su segundo gobierno con una deleznable maniobra por la cual puso en la directiva de la Cámara de Diputados a dos asambleístas disidentes para que representen a la oposición. ¿Después de esa vergüenza, se animará a reemplazar a Baptista por alguien crítico al Gobierno? Imposible.
El presagio de Baptista queda en nuestras almas como un tatuaje: el sistema está montado para que el MAS no vuelva a perder nunca más una elección. Los ecos del modelo caribeño/ruso/chino/vietnamita/iraní/norcoreano/egipcio resuenan en Los Andes.
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