La Fuerza: “Star Wars” y los griegos, una analogía entre filosofías
La Fuerza (que es algo así como un dios impersonal) está en todas partes, atraviesa a todos los seres y por eso puede ser manipulada por determinados individuos, digamos “sagrados”. Pero la Fuerza tiene dos “lados”, el luminoso y el oscuro, o dos configuraciones: la del bien y la del mal. Los seres sagrados o, mejor dicho, “mágicos” que se hallan en comunión con la Fuerza pueden entonces ser “jedis” o “siths”, según se alineen con uno de estos dos polos enfrentados.
Pensemos en el parecido entre este planteamiento y la cosmovisión de los griegos jónicos, los primeros padres de la filosofía: para ellos el mundo ha surgido de una materia primordial (agua, aire, apeirón, los cuatro elementos) que lo constituye y lo rige. Su equilibro depende de la nivelación de los contrarios.
Esta filosofía era una continuación racionalista de creencias griegas más antiguas sobre una oposición fundacional entre el cielo y la tierra, cuya unión había dado lugar al cosmos (el orden o equilibrio), el cual había que mantener no sin sacrificios y dolor.
Los mitos hablan incesantemente de la restauración y la puesta en peligro de este equilibrio, a través de historias sobre el triunfo de una clase de dioses sobre otros, a los que aquellos encierran pero no pueden eliminar del todo, y que retornan una y otra vez a amenazar la concordia universal.
Tragedias
Anakin Skywalker es el padre de Luke, que lo destruye en un desenlace que cumplirá el destino de ambos. También Kylo Ren, sobrino de Luke asesina a su padre, Hans Solo. Estas muertes rituales continúan en el plano ficcional los primeros mitos sobre el logro o la pérdida del equilibrio dentro de la creación del mundo.
Inicialmente éste es conquistado por Urano, que por ser aéreo —es el dios del cielo— tiene el don de la adivinación, que también está presente en los jedis y siths. Por esta razón sabe que unos de sus hijos será quien le arrebate el poder, así que a todos los que tiene los va encerrando en el Tártaro, el abismo imposible de remontar. Su mujer, Gea, harta de esta tragedia, esconde al duodécimo hijo, que luego de crecer se enfrenta a su padre, lo vence y exilia (puesto que le resultaba imposible matarlo). Este hijo se llama Cronos y luego de su victoria se dispone a reinar sobre el universo con sus hermanos titanes liberados. Sin embargo, le agua la fiesta la prevención de Urano, que antes de caer le hace saber que él también será destronado por uno de sus hijos.
Una vez más, entonces, Cronos se decide por el mal; antes que aceptar mansamente la ley de la vida, que parece ser la moraleja del mito, decide tratar de cambiar el futuro y comerse a todos sus hijos. Esto puede haber simbolizado la caída y el ascenso de distintos pueblos arcaicos, y de sus respectivos dioses. Simbolizando la constante protección maternal, su esposa titánide esconde de su furia a su sexto hijo, Zeus, y éste, liberando a sus hermanos del vientre paterno, inicia la guerra que conduciría al triunfo de los dioses olímpicos sobre los titanes, a los que los primeros condenarán al encierro eterno en el Tártaro.
No hay que olvidar, por supuesto, que Zeus contaba con su propia Estrella de la Muerte, con su rayo podía destruir masivamente a sus enemigos.
Estoicos, epicúreos y pitagóricos
Cuando el maestro jedi Qui-Gon Jinn descubre a Anakin Skywalker, supone que es el elegido. Antes de morir exclama: “Eres el Elegido. Has traído el equilibrio a este mundo. Sigue ese camino y lo traerás también… a la galaxia. Pero cuidado… con tu… corazón”.
Lo que puede apartar a un jedi del lado luminoso de la Fuerza es, primero que nada, el miedo, que se manifiesta en Anakin, como en Urano y Cronos, a partir de prefiguraciones del futuro. En efecto, Anakin pre-sabe que el nacimiento de sus hijos dará lugar a la muerte de la madre de estos, su esposa Amidala. Y, como es típico de la tragedia griega, por tratar de impedir su destino lo precipita.
La necesidad de quedarse impertérrito ante los sucesos del mundo para mantener el alineamiento con el bien nos hace pensar de inmediato en los estoicos, los filósofos griegos tardíos, que buscaban la felicidad eliminando las pasiones. Actuar de una forma completamente racional y por tanto algo fría es un consejo de Yoda a Luke, cuando éste debe escoger entre salvar a sus amigos y continuar el entrenamiento como jedi que ha comenzado con el pequeño maestro verde.
La rebeldía de Luke frente al estoicismo de Yoda parece indicar que los jedis están divididos en distintas disciplinas filosóficas. En efecto, los epicúreos recomendaban que cada uno guiara su vida por la búsqueda del placer y la evasión del dolor, excepto cuando se tratara de ayudar a los amigos, en cuyo caso se imponía el sacrificio.
En todo caso, tanto unos como otros, estoicos y epicúreos, tenían muy presentes las enseñanzas pitagóricas, según las cuales cada uno podía volver al equilibrio original (a la comunión con Dios) por medio de la purificación del alma y el cuerpo, que se lograba con la contemplación de la armonía matemática del universo, el respeto a todas las formas vivas y las luchas cuerpo a cuerpo… con sables láser.
LA FICHA
Título: Star Wars episodio VIII: Los últimos Jedi
Director: Rian Johnson
Año: 2017
Duración: 153 minutos
Género: Aventuras, acción, ciencia ficción, fantástico
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Elenco: Adam Driver, Mark Hamill, John Boyega, Oscar Isaac, Carrie Fisher, Gwendoline Christie, Benicio del Toro, Gugu Mbatha-Raw, Jimmy Vee, Domhnall Gleeson, Lupita Nyong’o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Peter Mayhew, Tom Hardy, Laura Dern.
“Antes de morir exclama: ‘Eres el Elegido. Has traído el equilibrio a este mundo. Sigue ese camino y lo traerás también… a la galaxia’”.


















