“Hasta luego Carlitos, después nos vemos allá”
El sombrero que Carlos Zalazar portaba los últimos años estaba sobre una caja de madera donde ahora están sus cenizas. A lado de ella había fotografías de él, de sus amigos y dedicatorias hacia su persona, entre ellas un mensaje, uno que casi todos repetían cuando se acercaban a la capilla ardiente: “Hasta luego Carlitos, después nos vemos allá”.
Dicen que las cenizas del maestro serán dividas en dos, una parte será para la familia y la otra se convertirá en un árbol. “Él quería que fuese así”, dijo su hijo mayor, Luis Fernando Zalazar.
El velorio de Carlos Salazar salió de lo habitual, así como el del profesor Wilfredo Camacho en septiembre de 2016 que se realizó en el salón velatorio Concordia. Un phullu (frazada de colores tejida a mano) cubría una parte del ataúd que estaba rodeado de flores, vasijas de barro y aguayos, de fondo se oía coplas y huayños de antaño. En el de Carlos se armó un escenario musical. Cerca de sus cenizas estaba su batería roja de marca Sonor, aquella con la que tocaba la última década en casi todos sus conciertos y también estaban instalados unos parlantes para guitarra y bajo. El Papirri, Salomón
Zannier, Chela Rivera y otros despidieron con jazz, folklore y baladas al maestro Zalazar. El homenaje congregó a más de un centenar de personas, incluso en la puerta habían otras que no pudieron ingresar a La Capilla. “Lo despedimos como él quería, con música. Nos duele, pero estará tocando con los grandes allá en el cielo”, asegura Luis Fernando.
"El Carlos siempre fue un buen hombre. Está dejando un vacío en la casa y también en sus seguidores. Vivió y murió libre, como él quería”". Rose Marie B. L. V. de Etcheverry. Madre de sus hijos.



















