Elemental mi querido Bauman
Modernidad líquida, amor líquido, sociedad líquida, individuo que anula al ciudadano ya que este busca su bienestar tejiéndolo en comunidad. Individuo aislado y desarraigado, todos estos elementos son propios de Zygmunt Bauman sociólogo nacido en Poznan, Polonia. Un sujeto que se unió a al ejército polaco en el exilio y fue militante del Partido Comunista. Además profesor de sociología en la Universidad de Varsovia, al igual que en Estados Unidos y Canadá.
Bauman es quien plantea en 1999 el concepto de "modernidad líquida", esa que pretende y hasta el momento ha conseguido, licuar las instituciones y prácticas sociales sólidas. Así, la condición líquida es una metáfora de lo social, la levedad del líquido sufre cambios continuos cuando se los somete a tensiones: fluyen y son indetenibles. Esa condición del fluir incesante inicialmente serviría para cambiar aquello que en lo sólido o monolítico no sirve, eso que nos ha enquistado en una condición que tarde o temprano sería cambiada.
Entonces, profanar lo sagrado sería una especie de camino que se inicia con la tan mentada modernidad, Bauman retoma la idea de derretir los sólidos por esa intención de resistencia al cambio, esta desautorización del pasado serviría para construir una realidad emancipada. Claro que esta licuefacción de la tradición, según el autor no deja de tener sus puntas filosas.
Algunas de ellas tienen que ver con el descenso de popularidad con el compromiso político, y el decreciente interés por el bien común hace que seamos más que nunca islas o humanos librados a nuestra merced. En este sentido el autor afirma que son pocos los que desean liberarse: deshacerse de las ataduras. La libertad, esa fuerza impelente que da más susto que certezas, las bendiciones a medias de la libertad reafirman algo escalofriante, la felicidad es una responsabilidad individual.
Ser feliz y libre parece estar peleado con “la búsqueda compulsiva de certezas”, nuestras vidas señalizadas hasta el cansancio también nos protegen de verdaderos proyectos liberadores, ahí donde quizá podríamos arraigarnos en esa sociedad de tejido de la que habla Silvia Rivera Cusicanqui.
Ante esta idea, Bauman diría: “elemental querida articulista de Los Tiempos, la liberación no tiene sustento en la gente”. Los, otrora, cautivos se han reconciliado con su falta de libertad. Por eso seguiremos creyendo en las instituciones, esas que Bauman denomina zombis, están vivas pero parecen muertas, en esta extraña paradoja seguiremos creyendo en la democracia liberal, en un tiempo de cambios o de futuros seguros, aunque según sabemos la ilusión de un futuro mejor está en franca decadencia.
Somos individuos de islas y cada vez más defendemos nuestra trinchera de felicidad. Nuestros problemas pueden parecer comunes: nos podemos juntar bajo luchas comunes como la otrora Marcha en Defensa del Tipnis, o mucho más atrás, en una Guerra del Agua, pero a no engañarse nuestra unión no cuajaría a la larga. La terapia de la causa común se evapora con la rapidez de la lluvia en un día de octubre.
Así que no queda más que tratar de vivir en esta entelequia humana, así de cierto y deplorable es que la huida del mundo sea la verdadera promesa. Elemental y constitutivo mi querido Bauman.
La autora es escritora
Columnas de CECILIA ROMERO

















