La realidad es una construcción social
Vuelvo a recalcar que la realidad es una construcción social, esa realidad se transforma en constructiva o en destructiva, dependiendo del objetivo y el fin con el que ha sido creada. La realidad actual es que el pueblo vive una psicosis que sigue girando alrededor del cocalero; así mismo, el "cocalero" ese individuo que le ha causado mucho daño al país.
Hace más de un mes que está fuera y la mayoría de los bolivianos son los artífices de esa hazaña. La fuerza y la resistencia de las pititas, que durante 21 días se convirtieron en muros pacíficos e infranqueables, hicieron que el país quede libre del abuso del déspota y su banda de pillos. Hoy el país respira democracia, pero el miedo sigue latente, miedo convertido en psicosis colectiva que todavía no permite disfrutar plenamente esa victoria ciudadana.
Es importante meterse en la cabeza que no solo está fuera de Bolivia; lo está también de México de donde se piró por la puerta trasera de la forma más abyecta, sin despedirse del gobierno ni del pueblo mexicano; tal como lo hizo de Bolivia, de manera malintencionada y después desde su refugio tratar de venderle al mundo el humo de haber sido víctima de un golpe de Estado por ser "indígena".
Ahora la mentira se le ha derrumbado al dictadorzuelo; después de las intervenciones demoledoras de los representantes nacionales ante la OEA, el mundo entero sabe que el susodicho es un embustero. Esa verdad expuesta por Jhanisse Vaca, Tuto Quiroga y Gualberto Cusi es la voz de millones de bolivianas y bolivianos que usaron esa pitita para derrocar al régimen autoritario del cocalero. Seguro que cada boliviano tiene una historia que contar, hay que hacerlo con convicción y dignidad, hay que usar los muros para reforzar la verdad en el mundo. No sirve de nada compartir noticias distorsionadas de la prensa amarilla y sediciosa, eso es darles vigencia.
No hay que dejarse arrastrar por esa psicosis colectiva del miedo, no hay que permitir que sean otros los que construyan la realidad colectiva con mentiras. Es importante sacar las pititas, publicar fotos y contar las vivencias de cómo fueron esos 21 días de protestas pacíficas que tumbaron al cocalero; dar a conocer eso al mundo es la oportunidad y es ahora.
La prensa amarilla ya le hizo mucho daño a Bolivia, por eso no es posible que la versión distorsionada de esos sediciosos tenga todavía vigencia. Esas mentiras no pueden imponerse a la verdad de millones de bolivianos que vivieron lo indecible durante los últimos 14 años. Se debe considerar las versiones de la prensa amarilla como simples graznidos de pato, porque no tienen argumento, esos usan la laringe para graznar sus mentiras y no hablan con el cerebro.
Las incoherencias que cuentan están abarrotadas de inconsistencias y son hasta humillantes; mucho más cuando calumnian que el Gobierno transitorio está llenando las cárceles de masistas, que los militares son necrófilos; que se tira gente desde helicópteros y que los bolivianos somos racistas y torturadores de “andígenas“ un término que se han inventado para referirse a los indígenas andinos. Según esos sediciosos la población andina en Bolivia sería mayoritaria, qué supina ignorancia la suya; ignoran que los Andes abarcan solo el 28 % del territorio boliviano.
Es a esa gente sediciosa a la que hay que rebatir con argumentos sólidos. Ellos usan las redes u otros medios para intentar propagar sus mentiras; traigo a colación un ejemplo desagradable: Un evento organizado por una ONG, el fín de semana pasado, en el que participaron algunos músicos tomó un rumbo desagradable cuando en medio del espectáculo uno de los integrantes del grupo usó el micrófono de forma desafortunada para desperdigar las incoherencias arriba mencionadas sobre Bolivia. No solo fue patético sino que se convirtió en macabro, porque después de rendir homenaje a los caídos, continuaron amenizando la fiesta y dejaron bailar a los asistentes sobre los muertos homenajeados.
La realidad es clara, el caudillo está fuera de Bolivia y no importa si se asienta en Salta, en Tucumán o en Buenos Aires; desde el lugar que se encuentre, no podrá hacer nada y menos ingresar a Bolivia. Abandonar Argentina significaría violar las leyes que le amparan y llegaría a perder su condición de refugiado político; situación que pondría a Argentina en problemas serios. En consecuencia, es importante dejar de lado esa psicosis colectiva y construir una realidad social basada en que el falso indígena ya feneció políticamente.
Es hora de despabilarse y ver las opciones políticas que tiene Bolivia. En la coyuntura actual, es importante que el pueblo se concentre y exija a los políticos que muestren la cara, que salgan a las calles a empoderar y sembrar esperanza, a dar a conocer sus propuestas y sus planes de gobierno. Ahí es donde debe centralizarse la fuerza y la energía. El pueblo debe alejarse de Camacho y Pumari porque ambos han mostrado que no tienen la talla para dirigir los destinos del país.
Es importante apoyarse en el estribillo que retumbó en las calles en el último tiempo: ¿Quién se rinde? nadie se rinde; ¿Quién se cansa? nadie se cansa; ¿Evo de nuevo?...
El autor es ingeniero ambiental
Columnas de RUBÉN CAMACHO GUZMÁN

















