Ray Bradbury, un genio de la ciencia ficción y un humanista sentimental
El escritor Ray Bradbury marcó una época y hoy, en el centenario de su natalicio, se lo recuerda como a uno de los grandes autores a través de cuya obra, sin haber hecho profecías, nos dio la inusual oportunidad de pensarnos no ya fuera de nosotros mismos, sino más allá de la Tierra.
El sábado pasado, 22 de agosto, hubiera cumplido su anhelada meta de cumplir 100 años. El autor estadounidense (1920-2012) se convirtió en un género literario. La ciencia ficción tuvo en él una de las voces más claras, aunque él mismo rechazó la etiqueta porque se sentía mucho más cerca del terror y la fantasía.
Se consideraba un narrador más próximo a la fantasía que a la realidad. “La ciencia-ficción es una representación de la realidad. La fantasía es una representación de lo irreal”, aseguraba.
Bradbury nació un 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois.
Durante la Gran Depresión se trasladó con su familia a Los Ángeles, ciudad que configuró su sensibilidad literaria y en la que vivió hasta el fin de sus días. Parte de esos primeros años en California aparecen reflejados en “El vino del estío”, un libro que transcurre en el verano de 1928 y en el que Bradbury evoca los veranos de la niñez y su gusto por la fabulación, que absorbió desde muy pronto gracias a los cuentos de Edgar Allan Poe.
Completamente autodidacta, Bradbury estudió hasta la secundaria y trabajaba como repartidor de periódico.
Comenzó a escribir muy pronto, mientras devoraba a William Shakespeare, Julio Verne, H. G. Wells y, sobre todo, a Edgar Allan Poe, que marcaría profundamente su camino literario. Sus primeros relatos los publicó en 1938, en distintos fanzines en los que colaboró. “Pendulum”, un relato de 1939 que rehizo junto a Henry Hasse en 1941, fue la primera historia por la que cobró como escritor.
A un genio superdotado de la imaginación como Bradbury nunca le faltaron ideas. El escritor, prolífico hasta la náusea -él mismo decía que escribía todos los días y que en una noche de insomnio se le podía ocurrir el inicio de seis cuentos y una novela-. Y lo cierto es que fue un autor que estuvo más cerca de Stanislaw Lem o Arthur C. Clarke que de Philip K Dick o Isaac Asimov. Lo suyo no eran las predicciones científicas a lo Julio Verne, puesto que no hubiera dado ni una. Como alguien dijo alguna vez de él, y no le importaba, no era un escritor científico, era un sentimental.
“Bradbury es ante todo un humanista. Lo que le interesa es salvaguardar aquello que hace al ser humano especial, como la capacidad de amar, la confianza en los otros, la búsqueda de la belleza... En sus relatos, enfrenta a sus personajes a aquello que amenaza con robarles su humanidad”, cuenta a El Confidencial Maite Fernández, coordinadora del curso Billar de Letras que ha traducido el relato “Un sonido atronador”, que publica ahora la editorial Nórdica. Sus grandes clásicos, por otra parte, están casi todos publicados en el sello Minotauro.
“Un sonido atronador”
Precisamente este relato, como otros que se incluyen en su libro “El hombre ilustrado” (1951) donde se detenía en el asunto del racismo -entre otros temas de debate moral- aborda el asunto de la naturaleza “y cómo el ser humano, en su inconsciencia, puede inmiscuirse en el devenir de la Historia. En “Fahrenheit 451”, por ejemplo, una de las principales amenazas está en unas pantallas de televisión que ocupan constantemente todos los espacios del hogar y hacen que las personas pierdan la conciencia de sí mismos y no tengan tiempo para pensar, ni para darse cuenta de quiénes son las personas con las que conviven”, afirma Fernández.
Contra las pantallas
La coordinadora insiste en que Bradbury “no estaba radicalmente en contra del progreso tecnológico, pero sí estaba preocupado por el hecho de que ese progreso nos pudiera privar de lo mejor que tenemos como seres humanos”. En este sentido, cobra importancia la cruzada que mantenía contra las nuevas tecnologías (curioso en un autor que escribía sobre el futuro). Él se apegaba a lo palpable, lo físico y lo que, para él, hacía pensar.
En numerosas entrevistas se postuló contrario a la televisión, que era el aparato que empezaba a estar de moda en los 50. Y, de hecho, su gran historia “Fahrenheit 451” es la frase de Groucho Marx hecha novela: un alegato en pro de los libros y contrario a la caja tonta. “Es el amor de un hombre -el bombero Montag- por las bibliotecas”, afirmó en varias ocasiones.
En realidad, era él mismo, que había sido un hombre que no pudo estudiar en la universidad por falta de recursos económicos y que todo lo había aprendido leyendo en las bibliotecas que frecuentó con asiduidad en su juventud. De ahí que nunca se cansara de exhortar a la lectura en los programas educativos. Consideraba que leer y escribir eran la base del bienestar del ser humano.
Pero en la cruzada contra los aparatos electrónicos llevaba todas las de perder porque si algo han hecho las pantallas desde los años 50 ha sido aumentar su número en los hogares. Al escritor le dio tiempo a ver los ordenadores y hasta internet. Y nunca le gustaron, como señaló en entrevistas, porque para él todos estos aparatos e inventos tenían un punto deshumanizador si se usaban mal: “Estamos rodeados de demasiados juguetes tecnológicos, con internet, los ipod, los ipad… La gente se equivocó”.
De sus últimos años de vida queda una predicción hoy con respecto a los periódicos en papel publicada en una entrevista en el diario español ABC: “Seguirán estando, porque tenemos que volver a enseñar a leer.
Con el paso del tiempo se volverá a leer el diario, porque nos cansaremos de internet”.
Talante conservador
Pese a todas sus reservas hacia estos aparatos masivos, lo que sí que consiguió el escritor fue entretener y que le leyeran millones de personas. Que incluso sus novelas y relatos fueran adaptados al cine y la televisión, como sucedió con “Fahrenheit 451”, que entusiasmó a François Truffautt y llevó la novela a la gran pantalla. Esta adaptación sí gustó a Bradbury, no como la miniserie de “Crónicas marcianas” de los 80.
En general, el escritor nunca se mostró muy contento con cómo se llevaron sus relatos al cine o televisión, aunque hay algunos buenos trabajos, como los episodios que rodó Chicho Ibáñez Serrador para su programa “Historias para no dormir” en los 60. La televisión no siempre hacía malas cosas. Por cierto, otro director de cine al que siempre le gustó Bradbury es José Luis Garci.
El escritor, que hizo buen dinero con estas adaptaciones, nunca se sintió cómodo con el mundo cultural e intelectual. Tampoco estaba muy cercano a los políticos progresistas de su país -era votante de Rudolph Giuliani, en los últimos años, por ejemplo- y tenía ideas conservadoras con respecto a lo moral, desde el divorcio, del que era contrario -aunque vivió con su mujer Marguerite solo para seguir manteniendo la figura de padre y madre con respecto a sus hijos- a las clases de familias (para él solo había una, la de toda la vida).
Verso suelto de la ciencia-ficción
Todas estas ideas le hacían mantenerse al margen. También dentro del mundo de la ciencia-ficción, donde no le tenían tanto como uno de los suyos. Aunque en este caso no por sus ideas políticas, “sino por su forma de escritura. Su literatura está llena de metáforas, de símbolos, incluso de alusiones a textos bíblicos o de otras religiones. Nos obliga a reflexionar, y conjuga la acción y el entretenimiento con la poesía, todo lo cual hace que su escritura adquiera una densidad que no tienen otros autores de ciencia ficción”, añade Fernández.
Por eso, quizá como no predijo nada ni era ese su propósito, sus novelas mantienen cierta actualidad. Así lo observa Fernández, que indica que “Un sonido atronador”, “aunque está escrito en los años 50, nos plantea cuestiones de absoluta actualidad. Por una parte, hay una reflexión sobre la intromisión del ser humano en la naturaleza; por otra, sobre el peligro de un progreso tecnológico ciego que no tenga en cuenta qué es lo importante para las personas y acabe obrando en su contra”.
Con datos de ABC, El Confidencial y La Vanguardia.
Obra fundamental
01“Fahrenheit 451” (1953):
Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros. “Fahrenheit 451” (la temperatura a la que el papel arde) describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.
02 “Crónicas marcianas” (1950, con prólogo de Jorge Luis Borges):
Esta colección de relatos reúne la crónica de la colonización de Marte por parte de la humanidad que abandona la Tierra en sucesivas oleadas de cohetes plateados y sueña con reproducir en el Planeta rojo una civilización de perritos calientes, cómodos sofás y limonada en el porche al atardecer. Pero los colonos también traen en su equipaje las enfermedades que diezmarán a los marcianos y mostrarán muy poco respeto por una cultura planetaria, misteriosa y fascinante, que estos intentarán proteger ante la rapacidad de los terrícolas. Escritas en la década de 1940 y situadas en el lejano futuro que comienza en 1999, estas historias, aparentemente sencillas, sirven de excusa para que Bradbury se sumerja en los misterios del alma humana y desarrolle una de las hazañas más apasionantes de la humanidad.
03 “El hombre ilustrado” (1951):
En esta colección de historias entrelazadas, el narrador anónimo conoce a “El hombre ilustrado”, un curioso personaje con el cuerpo completamente cubierto de tatuajes. Sin embargo, lo más remarcable e inquietante es que las ilustraciones están mágicamente vivas y cada una de ellas empieza a desarrollar su propia historia, como en “La pradera”, donde unos niños llegan un juego de realidad virtual más allá de sus límites. O en “Calidoscopio”, el sobrecogedor relato de un astronauta que se dispone a reentrar en la atmósfera terrestre sin la protección de una nave espacial. O en “La hora cero”, en el que los invasores extraterrestres han encontrado unos aliados lógicos y sorprendentes: los niños humanos. Cada uno de los 18 relatos que componen esta colección es una muestra de la maestría narrativa de Bradbury y no han perdido ni su vigor ni su actualidad desde que fueron publicados por primera vez en 1951.
04 “Ahora y siempre” (2009):
“Ahora y siempre” incluye dos novelas cortas en las que se respira toda la magia de Bradbury y en cuya génesis se mezclan elementos tan maravillosos como su niñez en Tucson, su experiencia como guionista de Moby Dick y su adoración hacia Katherine Hepburn. Un periodista portador de una noticia terrible salta de un tren en marcha en un pueblecito que esconde secretos maravillosos e imposibles... La tripulación de una nave estelar sigue a su capitán, ciego y loco, en su búsqueda por el espacio profundo para enfrentarse al destino, la eternidad e incluso a Dios... “Ahora y siempre” es la nueva obra de un artista incomparable cuyas historias han dado forma al paisaje literario americano. Dos fascinantes novelas cortas (cada una de ellas única y diferente, pero puro Bradbury) que demuestran su sorprendente talento y la incontenible vitalidad de la mente, el espíritu y el corazón de este destacado narrador americano.
05 “Columna de fuego” (1975):
La crónica de un rebelde del futuro que desafía a la luz a que se enfrente a la oscuridad, a huir de las dagas y las armas de fuego y a tener otra vez miedo a la muerte. El drama de un loco comprensivo, finalmente destruido por su obsesión, que recuerda al Montag de “Fahrenheit 451”. El pánico, el terror y la tristeza, pero también la excitación y la belleza, que experimenta un grupo de hombres arrojados al espacio por una explosión fortuita. Solos, embutidos cada uno en su escafandra, exprimen el sentido de la vida en un viaje sin retorno hacia el espacio profundo. ¿Cómo puede aparecer un dinosaurio varado en la playa si no es por el canto de las sirenas?



























