Amenazas de fondo contra la gestión de Rodrigo Paz (II)
Un ciudadano AUTÓNOMO se atreve a pensar por sí mismo. Es lo contrario del ciudadano ovejuno que solo aspira a seguir ciegamente a un pastor que lo hipnotiza con una narrativa melosa y complaciente, como cuando le dice “el indio es la reserva moral de la humanidad”.
No es el caso que no existan ciudadanos tan ovejunos en las clases privilegiadas como en las populares. Esta no es una brecha económica ni social. Es una brecha de formación ciudadana.
Un ciudadano RESPONSABLE acepta las consecuencias de sus decisiones. Es lo contrario del ciudadano supuestamente democrático que se lava las manos y culpa a otros cuando los resultados de sus propios actos son nefastos, como cuando un presidente culpa a disidentes de su partido de su propio derroche de la catarata de recursos provenientes de la venta del gas y de su propia omisión de asegurar una exploración efectiva de nuevos yacimientos gasíferos.
Tampoco es el caso que solamente un gobernante pueda caer en la irresponsabilidad. También pueden ser irresponsables los sectores corporativos, ya sean los de la economía informal o los empresariales. En último término la responsabilidad es una cualidad personal más que de grupo.
Un ciudadano TOLERANTE defiende el derecho de los demás de opinar y de vivir de una manera diferente a la suya. Respeta opiniones contrarias al mismo tiempo que intenta refutarlas de una manera pacífica y civilizada. Es lo contrario del ciudadano rábido, derechista o izquierdista, que aspira a marginar a los que no son de su círculo inmediato o piensan diferente.
El sistema de partidos políticos que estaba en formación desde 1982 hasta 2005 desapareció por no saber respetar límites en sus peleas internas y por repartirse los cargos y los beneficios del gobierno mediante coaliciones pegadas con prebendas. La competencia entre los nuevos consorcios mediáticos de ese tiempo exageró las peleas internas de los partidos, así como su saqueo del Estado.
Pocos se dieron cuenta de que la mutilación temprana de este naciente sistema político partidario fue una de las causas que abonó el terreno para los 20 años del populismo desbocado del MAS. La otra causa estructural que lo abonó fue la presencia masiva de ciudadanos ovejunos, “lava-manistas” y odiadores de todos los que no fueran de su etnia, de su clase, de su región o de su ideología.
Las dos grandes tareas que tiene que enfrentar la gestión del presidente Rodrigo Paz son la inmediata recuperación económica, por una parte, y por la otra, la progresiva restauración de las instituciones y los hábitos de la democracia liberal y representativa.
La primera es fácil y factible de cumplirse en poco tiempo. Rodrigo y su equipo económico están muy bien encaminados para lograrla con éxito. La recepción que han generado en las principales capitales del mundo, así como en los principales organismos internacionales es extraordinaria. Su Gobierno tendrá todo el apoyo económico que necesita ahora mismo y a mediano plazo.
Las explicaciones que brindan al país tanto el presidente Rodrigo Paz como sus principales asesores económicos y sociales: José Luis Lupo y Gabriel Espinoza son claras, objetivas y esperanzadoras. Nos advierten que el reacomodo de la economía requiere un apretón de cinturones, pero que se ocuparán de que este apretón no recaiga con tanta fuerza sobre los sectores empobrecidos.
La segunda es una tarea de fondo, que requerirá el esfuerzo de varias gestiones de gobierno. No es con medidas suaves que se puede eliminar la pesada herencia del populismo en la cultura política de las masas, tan orgullosamente representada y manipulada por el vicepresidente Lara.
El primer paso de este proceso de limpieza de los malos hábitos políticos consiste en frenar los esfuerzos de los sectores más rábidos de la izquierda y la derecha que tratarán de aprovechar los duros efectos de las medidas económicas para tumbar desde las calles al Gobierno entrante.
Si se logra detener ese plan, se podrá abrir la puerta para la recuperación de las instituciones democráticas prostituidas por el populismo. Hay tres tareas que la nueva gestión de gobierno debe concluir con el apoyo de su vicepresidente o superando su oposición.
Se debe conformar una asamblea legislativa capaz de aprobar leyes en vez de poner obstáculos y de imponer chantajes a la gestión del gobierno. La elección de las directivas camarales con una mayoría que supera los dos tercios es una fuerte señal de que esto será posible.
Se debe reponer una administración de justicia independiente, honesta y capaz. No tiene sentido procesar a los malversadores de pasadas gestiones con los actuales fiscales y jueces, que por cierto se brindarán a hacerlo como lo han hecho al cumplir los deseos del Gobierno saliente. Evo Morales debería ser enjuiciado por un sistema que no responda al Órgano Ejecutivo, así se tenga que esperar meses o años en montar un nuevo sistema judicial que sea probo, independiente y justo.
Se debe fortalecer un organismo electoral que administre de una manera imparcial y transparente cualquier futura elección. Se trata de una necesidad de la mayor urgencia, ya que los mandatos de los actuales miembros del organismo electoral terminan antes de las elecciones regionales de marzo del próximo año. Se requiere un amplio acuerdo nacional para designar vocales imparciales, capaces y discretos.
Más adelante se deberá reformar la normativa electoral. Por ejemplo, sería conveniente separar las funciones de administración electoral de las de administración de justicia electoral. Existe un claro conflicto de intereses cuando los administradores de las elecciones son a la vez jueces en los casos de conflictos electorales que deben ser resueltos por la vía judicial.
Respecto de los dos temas de fondo, será tarea de los líderes más iluminados de todo el espectro ideológico la pronta conformación de un sistema de partidos políticos enraizados en la sociedad, respetados por su eficacia y legitimidad, capaces de alternarse en el ejercicio del poder ganando elecciones que estén libres de guerras sucias, de insultos y de trampas.
Estos mismos líderes deben asumir desde dentro y fuera del gobierno la responsabilidad de formar ciudadanos autónomos, responsables y tolerantes. Se trata de una tarea que no ha sido asumida por las elites de estas partes del mundo desde la época de la colonia. Tampoco se la encaró desde los inicios de la república. Los movimientos revolucionarios de los siglos 20 y 21 la ignoraron por completo.
No es a las bases menos ilustradas a las que les toca cumplir esta importante tarea. En todas partes el liderazgo intelectual, moral y político está en las manos de las elites. Es hora de que las elites bolivianas asuman su responsabilidad en vez de volver a tenderle la cama al populismo irresponsable.
El autor practica análisis de ideas
Columnas de WALTER GUEVARA ANAYA

















