Debate científico: ¿es Oumuamua una nave interestelar?
Un objeto volador no del todo identificado hasta hoy ha desatado una de las polémicas más singulares de la historia entre destacados astrónomos: ¿qué es ese objeto proveniente de otro sistema estelar que fue observado durante escasas tres noches en octubre de 2017? Algunos científicos de las más reputadas universidades del mundo consideran que puede ser una nave o una vela construida por otra civilización. Otros los refutan y apuestan por un bloque pétreo caracterizado tanto por formas, composición, trayectorias y formación muy raras, pero naturales.
Cuando lo vieron por primera vez, varios telescopios siguieron su trayectoria durante esas contadas noches, hasta que lo perdieron de vista. No era para nada un objeto normal. Medía 40 metros de ancho y más de 400 de largo, y su superficie era rojiza. No sólo eso, sino que rotaba velozmente, tenía una trayectoria caótica y su brillo cambiaba de manera abrupta. Pasó a aproximadamente 30 millones de kilómetros de la Tierra, aunque en un principio Weryk temió que se estuviese acercando a colisionar contra nuestro planeta.
El cuerpo interestelar fue detectado en movimiento próximo a la Tierra el 19 de octubre de 2017 por el canadiense Robert Weryk. Sin embargo, no fue bautizado con el nombre de su descubridor, como suele suceder con cierta frecuencia. Los astrónomos del sistema de sondeo continuo Pan STARRS, de la Universidad de Hawái, le pusieron un sugestivo nombre: Oumuamua. En hawaiano significa “mensajero de lejos que llega primero”. Al principio, la discusión sobre qué era Oumuamua tuvo dos respuestas posibles: un cometa o un asteroide, pero luego se las fue descartando debido a falta de requisitos.
La teoría alienígena
Encabeza a quienes consideran que se trata de nave interestelar nada menos que el principal catedrático de Astrofísica de la Universidad de Harvard, el israelí-estadounidense Abraham “Avi” Loeb. El astrónomo se halla convencido de que hay vida inteligente fuera de la Tierra. Y sus conclusiones no se han limitado a declaraciones o ensayos. Ha lanzado su teoría en un libro titulado “Extraterrestre: El primer signo de vida inteligente más allá de la Tierra”. La obra, publicada a principios de abril, ha sido publicada en 20 países.
Allí, el reconocido académico asegura que Oumuamua, el curioso objeto interestelar observado mientras cruzaba el sistema solar, no es una roca desprendida de otras estrellas. Loeb defiende la idea de que se trata del “primer signo de vida inteligente de origen extraterrestre”.
oumuamuaefe.jpg

Características de Oumuamua
Para este científico, las características del objeto espacial solo dan cabida a una explicación: “Oumuamua, como lo llamaron, constituye la primera evidencia de vida y tecnología extraterrestre, y las implicaciones de esta afirmación para el ser humano son inconmensurables”.
Entre sus argumentos, Loeb asegura que Oumuamua no es un cometa porque no deja una estela —conocida también como coma—, tampoco tiene la forma de un asteroide, ya que es alargado, un aspecto que no se había observado anteriormente en este tipo de cuerpos espaciales. Además, no tiene una órbita precisa y puede cambiar de velocidad, antecedentes que la ciencia aún intenta explicar.
La composición de este enigmático objeto espacial también ha sido discutida. Inicialmente, se creía que estaba compuesto de hielo de hidrógeno molecular, así se explicaría su inusual cambio de velocidad. Sin embargo, esta misma teoría fue descartada por Loeb, quien cuestiona varias de las características de ese supuesto hielo. Considera así más probable que Oumuamua sea una nave espacial que llevaba mucho tiempo sin funcionar, que cumplió su misión y que sigue su viaje, de forma inerte, a través del espacio.
Los escépticos
En el frente de los escépticos se hallan, por ejemplo, representantes de la Agencia Espacial Europea (ESA), como Marco Micheli. Él ha preferido concluir que se trata de un cometa con una cola que ha tenido cierta intermitencia en su aparición. Algo similar le declaró a la BBC su par de la agencia espacial estadounidense (NASA). “Probamos muchas alternativas plausibles y la más factible es que Oumuamua debe ser un cometa y que los gases que emanan de su superficie están causando las pequeñas variaciones en su trayectoria”, indicó David Farnochhia, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.
Los cometas contienen hielo que pasa de sólido a gaseoso cuando es calentado por el Sol, arrastrando el polvo de la superficie para crear una atmósfera difusa y a veces una cola.
Sin embargo, el equipo todavía no detectó material polvoriento, por lo que los científicos creen que Oumuamua debe haber liberado sólo pequeñas cantidades de polvo.
También la BBC obtuvo las percepciones del doctor Wes Fraser, de la Queen’s University en Belfast. Este experto afirmó que el extraño movimiento de Oumuamua quizá se debía a que fue impactado por otro objeto en algún momento de su historia. Pero el debate sobre un origen más sorprendente que los habituales no se ha zanjado. Loeb no está solo en su teoría alienígena.
Ha sido respaldado, por ejemplo, por su par Shmuel Bialy, quien ha señalado: “Oumuamua puede ser una sonda totalmente operacional enviada de manera intencional a las proximidades de la Tierra por una civilización alienígena. O puede tratarse de un resto de un equipo tecnológico avanzado, en específico una vela solar, un dispositivo que se propulsa por la radiación solar o el plasma del viento solar. (…) ¿Qué podría causar el exceso de aceleración de Oumuamua? Esa es la pregunta fundamental que intentamos responder. Si no es la cola de un cometa que lo empuja, ¿qué más podría ser? Nosotros proponemos que se trata de la radiación solar”.
Probablemente, la discusión sólo podría ser definida si Oumumua, en su condición de nave interestelar, retornase autónomamente a nuestro sistema. Ello porque, según han establecido los científicos, si mantiene su curso, no regresará. El objeto viaja lo suficientemente rápido (casi 100 mil kilómetros por hora) como para escapar de la atracción gravitacional del Sol y liberarse del sistema solar.
Sin embargo, las cosas no quedan ahí. Mientras la discusión sobre el Oumaumau se mantenía por segundo año consecutivo, en agosto de 2019, Guennadi Borisov, un ingeniero y astrónomo amateur, divisó, con un telescopio construido por él mismo instalado en el patio de su casa en Crimea, otro objeto que resultó tener una órbita tan peculiar como la de Oumuamua. Este nuevo astro fue denominado Borisov, haciendo referencia a su descubridor.
Borisov atrajo entonces toda la atención y la mayor parte de los telescopios repartidos por todo el mundo se volvieron hacia él. La órbita de Borisov también indicaba que este objeto había penetrado en nuestro sistema solar proveniente de otro sistema planetario. Pero, a diferencia del Oumuamua, que fue observado tan poco tiempo, Borisov se dejó ver durante varios meses.
Otra diferencia con Oumuamua es que Borisov desarrolló una coma en su paso cercano al Sol, esto ha permitido estudiar su composición con una amplia variedad de técnicas. Borisov parecía ser muy similar a los cometas de nuestro sistema solar: un objeto rojizo oscuro con un núcleo de un par de kilómetros de diámetro. Sin embargo, hace unos meses se publicaron dos nuevos estudios que han descubierto importantes peculiaridades de Borisov que lo muestran distinto a los cometas del sistema solar. Nadie, por ahora, se ha animado a lanzar la idea de que pueda tratarse de otra nave interestelar. Finalmente, en medio de una casa tan desordenada por la pandemia, si algo faltaría es una inoportuna llegada masiva de vecinos alienígenas.
























