Historia viva, prensa y memoria permanentes de Cochabamba
Qué difícil se hace resumir en esta página una larga historia de 82 años en la que, sin duda, se aunaron frustraciones, triunfos, virtudes, impotencias, injusticias y censuras. Complicado porque, desde su fundación, el 16 de septiembre de 1943, hasta ahora, al diario Los Tiempos le tocó vivir e informar con determinación y solvencia momentos trascendentales en la historia del mundo y, desde luego, de Bolivia.
Pero también revivir, cual Ave Fénix, de las cenizas del asalto, de la destrucción y luchar contra quienessostenían la idea de que la libertad tenía fecha de caducidad, para seguir pregonando convicciones y talantes libertarios, para continuar la senda infinita que marcaron Demetrio Canelas, Carlos Canelas, Julio César Canelas y Alfonso Canelas y así, con el único espíritu combativo que tienen los visionarios, seguir en el debate, pese a los grandes obstáculos que impone la vida, pese a las cortapisas.
Su fundación, bajo la luz de la historia
El 16 de septiembre de 1943 salió a la luz el primer ejemplar de Los Tiempos, fundado por Demetrio Canelas, junto a un grupo de empresarios y periodistas comprometidos con la idea de ofrecer un medio independiente, moderno y con vocación regional.
Fue asaltado y destruido el 9 de noviembre de 1953 y reanudó sus publicaciones el 19 de julio de 1967 con el estreno de una rotativa ófset.
Su proceso evolutivo; tecnología y periodismo
En sus primeros años, Los Tiempos utilizó la linotipo y talleres tipográficos que lo distinguieron de otros periódicos locales. Con el tiempo, migró hacia sistemas más modernos, incorporando la impresión offset y posteriormente la rotativa. Estos cambios no fueron meros avances técnicos: simbolizaron la voluntad de estar a la vanguardia del periodismo nacional y latinoamericano.
Con el paso de los años, el diario supo adaptarse a las transformaciones tecnológicas: de la linotipo al offset, de la rotativa al internet. En 1996, Los Tiempos lanzó su versión digital, siendo uno de los primeros medios bolivianos en apostar por la web y el maravilloso mundo del ciberespacio. En 2017, pasó del formato estándar al berlinés y posteriormente al formato tabloide.
Los Tiempos, el centro
Más allá de la técnica, Los Tiempos se consolidó como un actor político y social. Desde sus páginas se debatieron los acontecimientos más trascendentales de Bolivia: la Revolución Nacional de 1952, la caída del Che Guevara, la masacre de Tolata, la vistia del papa Juan Pablo II, las dictaduras militares de los años sesenta hasta los ochenta, el retorno a la democracia, en 1982 y los procesos políticos recientes.
Su línea editorial crítica, próxima a una tradición liberal y regional, le permitió sostener un lugar particular en la prensa boliviana: el de ser un medio que buscaba equilibrar la voz centralista de La Paz con la perspectiva futurista de Cochabamba.
Este posicionamiento no estuvo exento de tensiones. En distintos periodos, este diario enfrentó censuras, presiones y conflictos, lo que confirma el papel incómodo y necesario de la prensa en coyunturas que, aunque democráticas, suelen mostrar resistencias a la crítica.
Cultura, ese otro lado del periodismo
Un aspecto fundamental de Los Tiempos ha sido su aporte cultural. En su momento, los suplementos Facetas, Correo del Sur, Viernes de Soltero, Datos & Análisis y, posteriormente la revista OH! y sus espacios dedicados a las letras, el arte, la culinaria, el deporte y la identidad regional, permitieron a Cochabamba proyectar sus debates al país entero.
A través de estas páginas, generaciones enteras se formaron en la lectura crítica y en la conciencia cívica. A la par, surgieron personajes preponderantes que brillaron por el trabajo periodístico y el incansable oficio de informar, pese a los momentos históricos difíciles o halagüeños. Contra viento y marea se abanderó la máxima de: “El mejor oficio del mundo”.
Cómo olvidar al genial escrito Jorge Suárez, en “Correo del Sur”, a Ramón Rocha Monroy, en “Viernes de Soltero”, Carlos Heredia Guzmán, en “Facetas”, Wilson García Mérida, en “Datos & Análisis”, José Nogales Nogales, en la jefatura de redacción y el suplemento deportivo, Gol y Gol, en el que jóvenes apasionados como Óscar Galdo, José Antonio Gandarillas, y tantos otros, hicieron de los lunes una pasión por informar sobre deportes y, principalmente, el fútbol.
Su archivo hemerográfico de Los Tiempos se constituye como un patrimonio histórico de enorme valor.
Revisar sus portadas de gran impacto y columnas de opinión es recorrer la historia política, social y cultural de Bolivia desde mediados del siglo XX hasta la actualidad.
Waldo Peña Casas, “Ve Doble”, Alfredo Medrano, “Urbano Campos”, un pionero en la defensa de la ecología en la Llajta con su columna “Reflexiones bajo el molle”, a Ramón Rocha Monroy, “Ojo de vidrio” y tantos otros que hicieron de la página Puntos de Vista, un mosaico plural de ideas.
Eran otros tiempos y otras vidas las que se jugaban en el campo del periodismo. Era, sobre todo, pura pasión por informar.
Los desafíos contemporáneos
En pleno siglo XXI, Los Tiempos enfrenta los mismos desafíos que la prensa mundial: la crisis del formato impreso, la competencia de las redes sociales, las plataformas, la multimedia y las nuevas dinámicas de consumo informativo. La digitalización, sin embargo, ha abierto oportunidades de interacción más inmediata con los lectores.
Su reto, como el de toda la prensa, es mantener la credibilidad en tiempos de sobreinformación y noticias falsas. Este diario, se ha propuesto continuar los talantes de la veracidad y el trabajo periodístico responsable y verificado. Estos nuevos tiempos plantea desafíos gigantescos hacia derroteros que sin duda los sorteará, valiéndose de esa trayectoria histórica inquebrantable.
La historia de Los Tiempos es, de cierta forma, la historia de Cochabamba y de Bolivia. Más que un diario, ha sido un espacio de resistencia, memoria, ecuanimidad, veracidad y de construcción de ciudadanía. En su recorrido se revela la tensión constante entre prensa y coyuntura, entre tecnología y tradición, entre región y centralismo, entre lo moderno y lo conservador.
Esa tensión, lejos de debilitarlo, le ha dado vigencia. Actualmente, como en el pasado, Los Tiempos sigue siendo un testimonio vivo de cómo la palabra escrita puede convertirse en memoria colectiva y, a su vez, en un gran referente del periodismo local, nacional y latinoamericano.
























