Uso de recursos
Cuando uno viaja por tierra en el país puede sentir que hace mucho daño que el Primer Mandatario haya optado por utilizar exclusivamente la vía aérea (sea en el avión presidencial, sea en helicóptero, sea en avioneta), pues deja la supervisión de la construcción de carreteras exclusivamente en manos de sus subordinados que, por lo que se observa, saben más de propaganda que de la responsabilidad que se les asigna.
Si el Primer Mandatario se diera un tiempo, debería organizar un viaje por tierra de incógnito, por ejemplo, a Santa Cruz desde Cochabamba, vía el Chapare. Así, además podría comprobar si es cierto aquello de que uno vuelve siempre a los lugares en que amó la vida… al seguir esa ruta tendría, seguramente, una sucesión de emociones contradictorias:
Por la positiva, ver paisajes extraordinarios que permiten olvidar por instantes la dura rutina y, en el caso del Presidente, descansar de tanto palacio y estadios monumentales que ha tenido que visitar en aras del interés nacional.
Además, podría constatar "in situ" –como seguramente diría el Vicepresidente– el avance de la construcción de la doble vía y, al mismo tiempo de sentir un justificado orgullo, comprobar que una vez que se termine la obra se reducirá considerablemente el tiempo de viaje, lo que, obviamente, aportará a una mejor integración entre los pueblos, el comercio, el turismo, la seguridad vial, etc.
Pero, también se daría cuenta de problemas que podría ayudar a superar para que la carretera alcance los objetivos establecidos con su construcción. Por ejemplo, el considerable retraso en las obras de construcción, y la cantidad de propaganda gubernamental utilizando groseramente su figura colgada a lo largo de la ruta, que agrede a la gente y probablemente le avergonzaría a él mismo, mientras que son casi inexistentes los letreros de orientación para los conductores. Incluso hay tramos en los que la señalética confunde más que orienta. Por ahí, podría instruir que se cambien las prioridades, se exija a las empresas constructoras más eficiencia y responsabilidad y haya más recursos para contar con la señalética que permita el seguro fluir de los vehículos, indispensable sobre todo en los tramos en construcción.
Si el Primer Mandatario, en ese recorrido, necesitara baño, no tendría más que hacer sus necesidades en el descampadito, pues no hay ese servicio a la mano.
También podría observar el afán de construir rompemuelles a capricho de los vecinos que viven cerca de la carretera y la mantención, cuando no aumento, de casetas de control vehicular. La virtual toma de la vía por el comercio en los pueblos donde se realizan ferias. La sobresaturación de vehículos truchos que invaden carriles y juegan permanentemente a la muerte. La falta de adecuadas estaciones de servicio donde los conductores se puedan abastecer de gasolina, diésel o gas, tomar un descanso e incluso la posibilidad de que haya personal que limpie el vehículo.
El Presidente, de incógnito, comprendería porqué el terror invade a los conductores y acompañantes cuando aparecen efectivos de la Policía nacional. Estos no sólo actúan con prepotencia, sino que pareciera que se les enseña a que hagan que la gente se sienta automáticamente culpable de algo.
Si nos atenemos a las reiteradas declaraciones de los adherentes presidenciales, lamentablemente será difícil que el Primer Mandatario pueda tener una experiencia de esta naturaleza, pues sus recargadas tareas se lo impiden. De ahí que nos quedamos con la cantaleta de seguir bregando para que en el Estado y la sociedad se comprenda que no sólo se trata de construir caminos, sino de educar para que sean bien utilizados, mantenerlos en buen estado y evitar que se conviertan en peligrosos instrumentos de depredación y abuso.
Además, es seguro que el Primer Mandatario pronto dejará de volar tanto, retomará control de su tiempo y podrá hacer recorridos como los ahora me permito sugerirle... de hecho, faltan 81 semanas para que recupere sus viejas rutinas, hoy olvidadas en el país por el imperio de un "nuevoriquismo" con dinero que, además, es de quienes pagamos impuestos y no de quienes lo gastan.
El autor fue director de Los Tiempos
Columnas de JUAN CRISTÓBAL SORUCO QUIROGA





















