Ocio y sinsentido con un bluf
Las connotaciones de la expresión “bluf” casi siempre me dan gracia, o dicho con propiedad, es cuando me veo envuelto en cierta situación identificable, o definible, a través de alguna de las connotaciones de ese término –bluf–, que río sin pensarlo y diciendo: –¡esto es un bluf!–.
En un esfuerzo de contextualización, debemos recordar que la palabra “bluf” es un anglicismo, es decir, una palabra inglesa introducida al castellano. En su idioma natal, la vocal “u” de la palabra bluff –como se escribe en inglés–, se pronuncia de modo parecido al sonido de la “e” en nuestro alfabeto; no obstante, según la Real Academia Española (RAE), debemos pronunciar bluf, no como suena en su idioma natal, sino como se lee en castellano. En mi opinión, la solución de la RAE para pronunciar este término, contribuye sobre todo a la cacofonía del idioma.
Analizando el proceso de cambio que lidera Evo Morales, de pronto todo parecería encajar con la primera connotación de la expresión “Bluf”: “Montaje propagandístico destinado a crear un prestigio que posteriormente se revela falso”. ¿Acaso, los derroteros de la Constitución Política del Estado Plurinacional no pueden definirse con el auxilio del término “bluf”?
Como en los viejos tiempos del MNR, el MAS se ha impuesto en el Tipnis repartiendo prebendas por un lado: motores fuera de borda para lanchas y canoas, ¿cupos de Emapa? (la empresa estatal de alimentos), etc.; y por otro, incorporando a los dirigentes nativos a sus redes clientelares ¿Dónde quedó el Estado Plurinacional? Al parecer nunca salió del papel, al menos en su sentido pluri. Omitiendo las profundas diferencias entre los gobiernos de la Revolución Nacional y los de Evo, ¿no se imponen tanto aquí como allí los intereses del Estado Nación? ¿Sobre todo, aquellos viejos afanes criollos o mestizos por negocios explotando a lo bruto recursos naturales?
En cambio, la segunda connotación de la expresión “Bluf”, se “encarna” por lo general en las miserias que vivimos a diario: “Persona o cosa revestida de un prestigio falto de fundamento”. Cual Judas me digo solo: ¿seré yo uno de esos? Pero no, prestigio para defender no tengo, y qué más da, río discreto. Por último, la tercera connotación de “bluf”, y siempre según la RAE, no replica en mi mente con los dulces sabores que podrían tener la ironía o incluso el humor negro en el primer caso, lo confieso. Veamos: “Fanfarronada, acción intimidatoria hecha por quien no cuenta con los medios para cumplir su amenaza”.
Tal vez como secuela espiritual de mi larga estancia revuelto en la Balvanera porteña, por decirlo con una evasiva, estoy presto a la lucha, como si mi vida dependiese de aquella rudeza en el andar y con los tratos con el prójimo que allí eran imprescindibles para sobrevivir (en Once, por ejemplo, quien no anda medio trotando, mirando al piso y, cuanto mejor, pateando al aire de tanto en tanto como si fuera una cosa pasadas las 10 pm, será en breve y sin remedio la carne de cañón del barrio), reacciono pendenciero ante desavenencias, de repente, no tan serias.
No obstante, al margen de mi pluma, carezco de las fuerzas belicosas necesarias para sostener a los inútiles intercambios de improperios, Calzando perfectamente mi propia situación con el tercer sentido de “Bluf”. Siendo así: ¿No resulta cómico? En esos casos, siento a la expresión como viéndome en ese mítico espejo capaz de reflejar lo que no deseamos ni admitimos de nosotros mismos y vuelvo a reír.
El autor es economista.
llamadecristal@hotmail.com
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