Elizardo Pérez: el racionalista telúrico
Elizardo Pérez nació en Ayata, La Paz, en 1892. Estudió y se graduó en la Escuela Nacional de Maestros, la Normal de Sucre, ocupó varios cargos en la jerarquía docente, fue Ministro de Educación. Fundó y animó por una década la escuela-ayllu de Warisata, uno de los experimentos pedagógicos más notables de la América Latina, que fue fundada el 2 de agosto de 1931 a 10 kilómetros de Achacachi. Años más tarde el presidente Germán Busch en honor a la escuela-ayllu de Warisata declararía el 2 de agosto como “Día del indio” para que en todos los confines del país se recordara aquel evento.
Elizardo Pérez fue pionero en la construcción de la ciudadanía, entendiéndola como alcanzar los derechos políticos y civiles que puede brindar un Estado a sus ciudadanos, entre ellos elegir y ser elegidos, obtener la protección de la ley contra todo crimen y el derecho a participar libremente de las decisiones estatales más importantes. Elizardo Pérez sorbió las ideas liberales, racionalistas e ilustradas desde muy joven. Él mismo afirma que “la Escuela Normal de Sucre, aspecto muy poco conocido aún en las esferas educacionales del país, se relaciona con Warisata, puesto que yo formé mi espíritu en aquel establecimiento y adquirí las nociones que más tarde me permitirían realizar la creación de las escuelas indigenales de Bolivia”. Recordemos que la Escuela Normal de Sucre se fundó en 1909 en el gobierno de Ismael Montes. Para Pérez fue la enseñanza más duradera, alta y sabia. Se instauró el taller como instrumento educativo coordinado con el aula. Se introdujo el laicismo y la coeducación en Bolivia. Otra persona que influyó sobre Pérez fue Georges Rouma, quien implantó los sistemas modernos, basados en el descubrimiento de los intereses del niño en diferentes edades de su vida según los principios de la biogenética.
Pérez egresó con una preparación integral que permitió desarrollar todas las asignaturas. “Jamás olvidé las enseñanzas de Rouma. A él le debo todo lo que pude lograr en mis tareas educativas. He seguido sus principios y sus normas. En todos nosotros inyectó valor, entusiasmo, perseverancia y fe, robusteciendo la mística inculcada por Daniel Sánchez Bustamante para el cumplimiento del deber”, dijo Pérez.
Por lo expuesto, considero que Elizardo Pérez fue la simbiosis de racionalismo y telurismo porque combinó los dos aspectos en la concreción de su proyecto. El racionalismo nos permite identificar problemas y buscar la solución con distintas alternativas para llegar a la resolución de problemas en discusión amplia y abierta. El telurismo de Pérez se encuentra en el rescate de la tradición de las culturas aymara y quechua: se revalorizó estos legados culturales junto al misticismo de la fuerza y espiritualidad andina. Logró una combinación de conocimiento científico con los saberes ancestrales sin negar ninguno de los dos.
Se puede señalar que Elizardo Pérez, junto con los individuos que conformaron la comunidad supieron pensar de forma autónoma y tuvieron la fuerza para llevar adelante un proyecto con escasos recursos, para convertirse en un gran centro productivo que superaba la simple alfabetización o el libresco intelectualismo. Consolidaron la ciudadanía en aras de un vivir mejor a través del trabajo disciplinado y tesonero, generando autonomía económica y visión de país, superando la ineficacia de las políticas públicas, la inoperancia de las instituciones y la desidia de los funcionarios públicos. La visión y experiencia de Warisata se irradió a todo el país y a América Latina.
La autora es abogada, licenciada en filosofía y magíster en seguridad defensa y desarrollo
Columnas de ERIKA J. RIVERA


















