El río Rocha turbiooo…
El compositor que mejor retrató con su letra y canto al río Rocha es Jaime del Río con ese taquirari que los k´ochalas cantamos con emoción y ternura como nuestro segundo himno; ¡Oh Cochabamba querida!, ciudad de mágico encanto (…) el río Rocha turbio, pinta su hermoso verdor”… resaltando la importancia de las aguas turbias, algunas veces turbulentas que le dan “verdor incomparable”, no exentas de inundaciones a las tierras agrícolas que han sido frecuentes en el pasado cuando las lluvias eran abundantes.
Con excepción de pocos años semisecos, el periodo de lluvias con las primeras nevadas empezaba después del invierno, desde julio o agosto. Algunos años, en pleno desfile de las fiestas septembrinas, nos cogió la lluvia con suave viento congelante que venía de las nevadas que caían hasta la altura de la cervecería Taquiña. Tiritando de frío, protegidos solo por nuestros guardapolvos blancos, los escolares pasábamos marchando por delante del altar patrio. Después del resfrió, la gripe nos cogía sin mayores consecuencias ni complicaciones.
Para los amantes de la agricultura valluna en un año productivo y con buenas cosechas la nevada debía caer tres veces cubriendo con abundante humedad e infiltración la cordillera del Tunari donde nacen las fuentes hídricas que alimentan al río Rocha, a la agricultura y las fuentes del agua que consumimos. Por eso, ese “verdor incomparable” dependía del comportamiento hidrológico del río y sus afluentes, cuyas aguas limpias, cristalinas o semiturbias servían para riego, pero también bañarse en todo su curso, desde Sacaba hasta Sipe Sipe y en sus múltiples afluentes: Taquiña, Chocaya–Payrumani, la Llave, Viloma, Charinco, Sapanani, Molino Blanco, Chimboco, Linde y otros donde paseaban los excursionistas en fines de semana.
Ahora cambió el tiempo, el clima y el medio ambiente, ya no podemos bañarnos o usar las aguas contaminadas del Rocha para el riego. El agua que fluye la mayor parte del año cambia de color y olor de día y noche, proviene de las alcantarillas de las urbanizaciones y asentamientos humanos de Sacaba, viene de los desechos sólidos y líquidos depositados por las fábricas, clínicas, hospitales y hasta del matadero de ese municipio. Sale también de los lixiviados de los escombros y basuras, depositados en los bordes del río, que se mezclan a las aguas negras y pestilentes que pasan por la ciudad de Cochabamba hasta el río Caine.
En estos últimos 20 años o más por el río Rocha cruzan las aguas negras durante más de 300 días al año, parecidas a la antigua serpiente negra que salía de la laguna Alalay. Y con la sequía crónica que afecta a este valle, pocas veces se ve llegar abundante agua turbia de color amarillento levantando olas como lo ocurrido el pasado domingo 17 de enero. Ese día lluvioso fue motivo de satisfacción para la vecindad porque esa corriente de agua y otra anterior que llegó a principios de enero lavaron la mugre acumulada durante varios meses en el río, de cuyo adecuado manejo y tratamiento, como ocurre en otros países del mundo, se olvidaron nuestras autoridades.
El autor es economista
Columnas de GUIDO ESPINOZA TERÁN


















