El arbolito que se resiste a morir
Sabemos que la “vida se abrió paso” a lo largo de los millones de años que tiene el planeta Tierra, pese a los muchos desastres que en la línea del tiempo sucedieron y seguramente sucederán. Después de haber sufrido la caída de un meteorito hace millones de años, nuestro planeta llegó a convertirse en el hábitat de humanos, plantas, otros animales y otras especies, haciendo este mundo muy diverso por la geografía que tiene a nivel planetario y cambiando el escenario de esa hecatombe, también en muchos millones de años.
Pero si bien hubo esa gran explosión, la naturaleza no contó con el accionar de la “mano del hombre” que, en su afán de satisfacer sus necesidades, sus intereses, o por “gana o gusto”, no escatima esfuerzo alguno para destruir sistemas ecológicos, bosques, espacios poblados de árboles y se convierte en uno de los depredadores más dañinos que existen en la “madre tierra”.
Así, constantemente estamos viendo como el accionar de algunos malos ciudadanos, llamados también “arboricidas”, llevados por su ignorancia, por intereses personales, desconocimiento o falta de sensibilización, atentan contra una de las especies más nobles que la naturaleza nos dio: los árboles. Estos sujetos están causando serios daños al medio ambiente, con incendios provocados, apropiación, loteamientos de áreas verdes, incursión en parques que son considerados reservas naturales, desperdicio y mal uso de recursos naturales y lo más triste el cercenamiento o la tala de árboles “a diestra y siniestra”. Un claro ejemplo lo vivimos en las últimas semanas en la avenida Uyuni, donde en un espacio muy hermoso, poblado de muchos árboles, se prioriza el cemento y el culto al motorizado, trasplantando los árboles de un corredor verde a otra área verde y disminuyendo los espacios verdes, todo porque los árboles son “obstáculo” para la realización de otro monumento al cemento, una “obra estrella” que los políticos de turno suelen mal llamar “desarrollo”. Sólo esperamos que esos árboles sobrevivan, aunque sigue siendo paradójico que sean los árboles que se tengan que mover frente al cemento en las condiciones ambientales de Cochabamba.
En lo personal, lo que llama la atención es la actitud natural de un arbolito que tuvo la mala suerte de crecer al medio de un pretil, de una conocida avenida que separa la circulación de todo tipo de movilidades, que van de sur a norte y viceversa. Conocimos a este arbolito hace un par de años cuando estaba creciendo y el mismo que ya alcanzaba el metro y medio de tamaño. A las posteriores semanas un depredador ecológico cercenó su tallo principal, mutilando y destinándolo a una muerte segura y con mucha tristeza vimos como quedaron sus restos.
Al llegar la primavera, cuando las plantas y los árboles retoñan, renuevan su follaje, las flores en capullo son avistadas, etc., como la naturaleza es sabia y se abre paso, este arbolito volvió a crecer para asombro nuestro. Y una vez más fue cercenado y mutilado. Así transcurrieron varios años y el árbol corría la misma suerte por algún enemigo de la naturaleza, esos mismos que ven a los árboles como un peligro, cuando en realidad el peligro somos nosotros. Actualmente, todavía vemos restos de este arbolito, pero como está en un lugar destinado al cemento, al asfalto, seguramente volverá a ser mutilado y talado hasta que muera definitivamente.
Seguramente, no es este el único caso, ya que a diario vemos (y sobre todo en toda época invernal) cómo muchos árboles son talados y mutilados; condenados a morir. Por ello es muy importante crear conciencia colectiva para que estos y muchos arbolitos tengan el derecho de vivir y servir a nuestra comunidad con su follaje que nos da sombra, con la producción de más oxígeno para que podamos respirar un aire limpio y sobre todo con la producción de lluvias que puedan paliar la escasez de agua que es un problema de todos los años en nuestra ciudad.
El autor es activista ambiental


















