Las tres imillas
Para tratar de entender el extraño momento actual, es provocador trazar un paralelismo crítico e histórico entre Imilla 1, Imilla 2 e Imilla 3 (apelativo de combate de una de ellas que aplicamos a las tres en este análisis).
A continuación, una lectura de las penumbras del poder desde la sociología política de los "agentes de enlace", y la actitud ante los mesianismos fallidos desde la psicología social. Los nombres propios ya son conocidos.
1. ¿Agente de inteligencia o bisagra de enlace? En las redes del poder y del Estado, los "agentes de enlace" (sean o no del Estado, pero cuya acción es para-estatal) sostienen su capital político habitando la penumbra donde se cruzan lo legal y lo clandestino. Mientras Imilla 1 operó en los orígenes de la guerrilla combinando el mito, la contrainteligencia y la inmersión profunda en la retaguardia insurgente; Imilla 2 actuó desde la contrainteligencia operacional para golpear directamente al aparato estatal en Europa. Por su parte, Imilla 3 tejió su trayectoria en los pliegues institucionales contemporáneos, actuando como puente de intermediación entre el evismo en salida y el movimiento cívico.
En ese punto crítico de su accionar, el archivo reservado (cartas, mapas, fotos, notas oficiales, mensajes de WhatsApp, audios, videos) muta en recurso de poder. Mientras Imilla 1 e Imilla 2 usaron la inteligencia estratégica y el camuflaje ideológico para el combate activo o la venganza en Hamburgo, Imilla 3 convierte chats, audios y fotos de despacho en un aparente seguro de vida, transformando la intimidad de su vida diaria y las negociaciones de algunos actores con poder en un escudo, quizá falaz, de preservación personal.
2. De la candidatura al enlace: ¿redes orgánicas o mero pragmatismo?
Solo preguntas. ¿Acaso carece de relevancia para descifrar los objetivos actuales de Imilla 3 el hecho de que su trayectoria transite desde una candidatura plurinominal por el MAS en Santa Cruz en 2019, pasando por su rol de interlocutora con Bella Flor durante la crisis de pacificación y su posterior citación como testigo en el caso “Golpe I”, hasta llegar a este convulsionado escenario reciente donde, tras sus graves denuncias públicas contra viejos y nuevos liderazgos, el propio jefazo se apresuró a relativizar su relación histórica declarando públicamente que no la conocía y vinculándola más bien al entorno de Bella Flor?
¿Operaron Imilla 1 e Imilla 2 con la misma lógica de contrainteligencia que buscaba la inmolación ideológica o el martirio de la causa, frente a la sobrevivencia mediática e institucional de Imilla 3?
3. Fascinación por los caudillismos mesiánicos fallidos
Desde la psicología social, el sometimiento a proyectos caudillistas exige entregar la propia subjetividad a la narrativa del jefe, construyendo una fe política que suprime el juicio individual. El inevitable choque con la realidad desencadena un quiebre psíquico que redefine la conducta del militante.
En Imilla 1 y en Imilla 2, las derrotas del proyecto guerrillero y la caída de la narrativa heroica detonaron una grave radicalización por cortocircuito mental. La pérdida del idealizado "Hombre nuevo" destruyó su horizonte ideológico, impulsándolas a encarnar la causa hasta las últimas consecuencias o a restaurar el orden moral mediante el ajusticiamiento: la entrega clandestina y la violencia castigadora se volvieron las únicas vías para reivindicar el honor perdido.
Por su parte, Imilla 3 encarna un “sin cable a tierra” contemporáneo ante la erosión del proyecto evista. En la política del siglo XXI, la devoción coexiste con el pragmatismo profesional de ascenso social. Al desmoronarse el mito del caudillo, la estructura psíquica ya no busca el martirio ni la trinchera, sino las redes sociales para tratar de mantenerse en las dinámicas de poder, pasando del mesianismo trágico a cierta sobrevivencia adaptativa.
Mientras Imilla 1 e Imilla 2 resolvieron el quiebre entregándose al compromiso insurreccional y al martirio, Imilla 3 responde moviéndose de la cuasimilitancia al “activismo de enlace pragmático”, demostrando cómo la psicología de masas actual prioriza la preservación individual sobre la inmolación dogmática.
4. Del mesianismo trágico al pragmatismo de las penumbras
Así, finalmente, las tres imillas encarnan el manejo de las sombras en la vida política boliviana. Dos de ellas desde el mesianismo radical, el espionaje y contraespionaje, y el martirio armado. La tercera imilla se mueve en las penumbras desde el supuesto compromiso con el jefazo y su círculo más íntimo, y desde el uso práctico y útil para ella (¿quizá para un pequeño aparato más?) de chats, audios y documentos de información reservada.
Las imillas 1 y 2 se visibilizaron en los preludios de una transición buscada por algunos pocos insensatos superideologizados. Y, sintomático, la imilla 3 se visibiliza también con fuerza en 2026, cuando las viejas fuerzas populistas no terminan de morir y las nuevas y más masivas fuerzas ciudadanas y democráticas no terminan de nacer.
El autor es sociólogo
Columnas de CARLOS HUGO LARUTA



















