Suspendido, sobreviviendo la discapacidad de Daniel Kunstek
Ernesto Guevara Quiroz (*)
“SUSPENDIDO, sobreviviendo la discapacidad de Daniel Kunstek” es una obra de fuerte corte crítico y en alguna medida autobiográfico. Se trata de un espejo social en el que pocos nos queremos mirar, seguramente porque incomoda reconocernos como seres indiferentes, de abundante falta de empatía o por un exagerado individualismo que nos invita a pasar de largo frente a las diversas realidades que nos rodean, para limitarnos a construir estrategias de vida en tono “sálvese quien pueda”, en lugar de construir un cuerpo social en el que construyamos proyectos de vida colectivos que incluyan a todo aquel que por algún motivo está suspendido, postergado, aplazado, olvidado; o peor aún, marginado.
Debo confesar que me costó mucho leer la obra con objetividad y que, ya en la carátula, empaticé con el autor, que hoy tengo a bien conocer en persona. Daniel carga un apellido muy querido para mí, me remonta a los únicos Kunstek que vivían en Oruro y que gratamente conocí en la niñez: Andrea, Camilo, Alicia, Berny y Eduardo. Sé que en medio del prejuicio, un buen prejuicio, tomé bandera con las causas de Daniel, sobre todo porque los Kunstek de mi niñez son del tiempo en que se construyen valores en una época en que no media interés de corte económico o político. Esta obra toma lo político y lo económico en una parte pequeña, pero profunda, con la criticidad de una persona joven. Daniel es un agudo lector de la realidad y toma los valores como contenido transversal de primera a última página.
Al margen de ello, me ha sido imposible no revivir episodios de discriminación que yo viví, sobretodo de muy pequeño, precisamente por una condición de salud que me tiene gambeteando en cada paso; bueno, es una forma de decir que camino cojeando porque nací con pie equino varo. Ello me ha permitido comprender bastante el abordaje de un tema que es central en este libro, se trata de la inclusión.
Al respecto Daniel escribe bastante y convoca a pensar y actuar sobre nuestra cultura. Señala que no basta el avance normativo que existe, que no basta la gestión de gobiernos nacionales o locales si los discursos de inclusión no se llevan a la práctica. Es un libro que en este tema se constituye en denunciante, con el acierto de no caer en frases lamentativas; al contrario, es también muy crítico del derecho a la protesta y se refiere a las movilizaciones que se llevaron a cabo en nuestro país por organizaciones de personas con discapacidad. Daniel Kunstek tiene la virtud de interpelar al poder y a la comunidad para que abandonemos, de cierta forma, la hipocresía de lo “políticamente correcto” con la que se construyen eufemismos y la cultura de los que no pueden pensar en todos.
Tengo un hijo con TEL, una patología dentro del espectro autista y por ello comprendí las críticas al sistema educativo que Daniel incluye en el libro desde el concepto de la inclusión. Recibí con agrado las propuestas que desde la utopía construye horizontes para andar, sé que mucho de lo que propone se puede lograr. Quizás lo único que falta es que nos abramos al diálogo y que sinceramente sepamos construir un mundo para todos y todas.
El libro que hoy se presenta incluye los siguientes capítulos: El increible poder de conocerme, Reflexionando, ¿Inclusión?, Mis sueños de convivencia, Suspendido en el tiempo, La fuerza de la familia, Educación, El reto a conquistar, Esta pobre Bolivia; y, Meta metamorfosis.
Realicé apuntes de cuanto encontré útil para replicar. Podría en este momento leer varios de ellos; pero, seamos realistas, a nadie le agrada un “spoiler”. Pese a ello, quiero tomar la palabra de Daniel que en cierta parte del libro dice: “pienso que si queremos un cambio que nos beneficie debemos mejorar y cambiar de actitud para que las cosas salgan de una mejor manera (…) si queremos ser personas de bien pues actuemos como personas de bien”
Creo que el mayor cambio que se propone, entre los muchos que se desarrolla en la obra, es la recuperación de la empatía sobre la base de la solidaridad. Todos de alguna forma vivimos suspendidos cuando no logramos concretar nuestros sueños, cuando no podemos realizarnos. La frustración es mayor cuando todo se piensa para las mayorías y no para absolutamente todos. Por ejemplo, basta ver la ciudad para entender que se construyó sin pensar en todos.
Para evitar que sigamos suspendiendo a las personas y sus realizaciones, debemos considerar como urgente lo que Daniel propone en su libro. Casi al final, el autor escribe: “tengo la confianza de que mi opinión va a alcanzar a por lo menos una persona”.
Al respecto me siento honrado de comentar la obra hoy, fecha en que el libro se presenta. Siento que he sido el primero en entrar en diálogo con el autor y estoy completamente seguro de que todos deberíamos hacerlo. Tengo fe en que en algún momento el libro llegará a las autoridades y a cualquier otra persona que pueda hacer una metamorfosis, para no seguir suspendidos, para ya no sobrevivir; sino, para vivir.
(*) Comunicador social
efguevara@hotmail.com

























