Malos augurios
El totalitarismo pretende hacerse de nuevo del país. Aunque ya está instalado. Vivimos un totalitarismo –utilizando las palabras del masismo– de “baja intensidad” o dicho de otra manera, como una forma de “golpe suave” a la democracia. Un mal augurio para comenzar un nuevo año.
Las palabras del Presidente son definitivas en ese sentido. Como regalo de Navidad ha dicho “ojalá podamos quedarnos (en el poder) por 500 años”. Como antesala a su congreso masista, ha hecho gala, y para muchos, apología del delito, al convocar implícitamente a no observar el ordenamiento legal: “Si nos sometemos a la ley no hacemos nada”, aseveró. Conducta inapropiada de quien debe ceñir sus actos a los principios constitucionales.
Si algo les caracteriza a los totalitaristas es que menosprecian y se oponen a las concepciones democráticas de la forma de vida, de la política, a ley. A diferencia de los totalitarismos del siglo pasado, los populistas en plena emergencia hasta en países de arraigada democracia, la vida privada como la pública son organizadas directamente por el líder y su partido. Incluso los miembros del partido que ocupan lugares de decisión, se hallan sometidos a la imprevisible voluntad del líder. En el totalitarismo moderno la autonomía o independencia no es posible; las organizaciones de base, cocaleros, hacen que todo el mundo dependa por completo de los deseos y obsesiones del partido político y de su líder.
El control de los medios es fundamental para el totalitarismo, con ese control, la información deviene en propaganda y adoctrinamiento. Toda forma de oposición o crítica al Gobierno y a la ideología de los gobernantes es reprimida y tildada de neoliberal, derechista, antipatriótica. En los totalitarismos, nada se puede poner en tela de juicio; la voz de la argumentación y de la crítica queda anulada frente al poder mediático de la organización totalitaria.
En pleno siglo XXI, los medios de comunicación son los protagonistas de las formas de hacer política. No hay duda de ello. Sartori tenía razón, al asegurar que se ha instalado la telecracia en nuestra sociedad. Son los medios los que influyen en los grupos humanos. La guerra mediática está polarizada hace más de 10 años en opositores y totalitarios. Medios y periodistas que no forman en el oficialismo son perseguidos, acallados, vilipendiados, a través de libros y filmes, por los populistas totalitarios.
Hannah Arendt, ya en 1951 decía que “Los movimientos totalitarios son organizaciones de masas de individuos atomizados y aislados. En comparación con otros partidos y movimientos, su característica externa más manifiesta es la exigencia de una lealtad total, sin restricción, incondicional e inalterable del miembro individual. Esta exigencia es formulada por los dirigentes de los movimientos totalitarios incluso antes de la llegada al poder.”
Los totalitarismos nunca han sido opciones posibles en nuestro país. Siempre han sido desplazados. Recordemos los últimos; Banzer ha sido desterrado por una huelga de hambre y por el papel del periodismo que ha denunciado, como ahora, los escándalos y la corruptela militar. García Meza ha corrido peor suerte, hoy esta preso.
El periodismo ha jugado papel importante en aquellas circunstancias, ni los destierros ni apresamientos han podido frenar su lucha y defensa democrática. Será seguramente un año de confrontaciones, de argumentaciones falaces que ya alista el oficialismo, a los que habrá que responder.
El autor es periodista.
Columnas de JAIME D’MARE C.



















