El tren llega al aeropuerto, pero falta que se conecte
La reciente inauguración de la Línea Amarilla del Tren Metropolitano de Cochabamba, que conecta el corazón comercial de la ciudad con el Aeropuerto Internacional Jorge Wilstermann pasando por la parada del Cementerio General, es sin duda un hito para el transporte urbano de pasajeros en la región.
La obra, que demandó una inversión de Bs 383 millones y se entregó con motivo de los 215 años de la gesta libertaria de Cochabamba, se constituye en una nueva alternativa para los ciudadanos que van al aeropuerto por distintas razones y dependían del transporte público convencional y del servicio de taxis que tiene una tarifa elevada para la mayoría de la población.
La llegada de un tren eléctrico a la terminal aérea es un escalón de modernidad que muchos anhelaban. Sin embargo, hay aún dos desafíos pendientes: conectar este medio de transporte con el resto del sistema de transporte de la ciudad y que el parque automotor aprenda a convivir con el tren eléctrico respetando sus paradas.
Por el momento se han desplegado guardias en los puntos críticos, como los cruces con avenidas y puentes, para que el tren pueda pasar sin contratiempos. A futuro solo se tendrán que respetarse las señales de tránsito para que tanto el tren como los vehículos se desplacen con seguridad.
La Línea Amarilla no puede repetir las historias de las otras dos líneas del tren: la Roja hacia el sur y la Verde, al oeste. Aunque ambas brindan un buen servicio a los pasajeros operan casi como entidades aisladas del resto del sistema de transporte que aún no está articulado con las líneas de micros, microbuses y otros automotores de servicio público, lo que ayudaría a los pasajeros a desplazarse con mayor facilidad de un destino a otro.
Al bajarse del tren, el pasajero no encuentra un minibús, un taxi o un micro que lo lleve a su destino final y debe ingeniárselas para encontrar un transporte.
Es una responsabilidad de los operadores de Mi Tren y de las alcaldías del eje metropolitano establecer las rutas de transporte público integradas, con paradas que se integren a las del tren, de modo que este optimice su utilidad, no se limite a ser un vehículo turístico, sino que sea una solución de movilidad integral.
La utilidad del tren para que los ciudadanos se desplacen irá en aumento por la crisis energética que se agrava con la escasez de combustible. El transporte eléctrico se presenta como el medio del futuro y Cochabamba ya cuenta con este servicio que puede ser potenciado.
La Línea Amarilla es un avance y un logro para la región, pero es necesario que las autoridades miren más allá de la infraestructura vial y se enfoquen en su integración hacia lo que se denomina redes de transporte inteligente, que reduzcan los tiempos del desplazamiento de los pasajeros y ayuden a tener una ciudad más fácil de vivir.

















