Wallunka en Barcelona: coplas, despedida y erotismo
//Wendy Inarra*//
Pese a que todavía seguimos atravesando por una pandemia que ha cambiado la vida de todo el mundo, poco a poco la gente se va dando modos para seguir con actividades culturales, económicas, políticas, etc, pero enmarcadas en la nueva normalidad. La comunidad boliviana en Barcelona-España no hace la diferencia porque busca la manera de continuar con las tradiciones de la tierra que la vio nacer.
Una de esas actividades es la tradicional wallunk’a, que tiene un rostro de mujer, porque son ellas quienes se encargaron de todos los detalles de la organización, como se acostumbra cada año, pero esta vez con un matiz especial porque la convocatoria se hizo también mediante TikTok. Esta red social sirvió para aglutinar a los bolivianos y bolivianas que viven en este país.
La actividad, que se realizó entre el 7 de noviembre y 5 de diciembre pasado, fue viralizada por la cholita cochabambina Celia Ramírez, a través de @celiaramirez014 en la que tiene casi 10 mil seguidores.
Ella es de Pisq’omayo, un pueblo de Cochabamba, sin embargo, radica actualmente en las Islas Baleares de ese país. “Hoy en día ya la gente se wallunkea (se columpia) por wallunkear, muchas veces sin sentirlo, ni saberlo”, dice, pero pese a ello insiste en continuar con la tradición porque asegura que esta fiesta es su vida.
“Cuando pienso en esa palabra quechua, y lo que representa para mí, utilizo mi cuenta para transmitir con videos, para que se siga y se sienta esa tradición que me transmitieron mis abuelos, mis padres y mis primas mayores, para que mis descendientes la sigan y los europeos la conozcan. Por eso veo al TikTok como una herramienta a mano abierta, además que me gusta mucho, es una ventana mundial para que yo pueda demostrar mi cultura”.
Utilizó también TikTok para publicar un video tutorial para hacer canastas o cestas. “En lo personal es algo que me emociona. Mi cerebro piensa en el canastillo y recuerdo y vivo. Tenía periódicos y revistas recicladas. Hice varias decenas de tubos doblados con goma líquida. Y empecé a trenzar mi canastillo. Tarde tres días y uní las piezas”.
Sin más, Ramírez evocó esa vieja tradición a través de esta red mediante un tutorial de tres videos con una duración de un minuto cada uno. “No estoy en Bolivia y traer un cestillo de allá es difícil por lo aparatoso que resulta. Yo quería que la gente esté feliz, reunida, cantando y al final ese trabajo no ha sido solo para mí, sino para todas las cholitas, con tomarse una foto estaban contentas y esa era mi intención, transmitir esta iniciativa para que mis compatriotas conserven este complemento, aún en la distancia”.
Ardua organización
La totoreña Marina Hidalgo Orozco fue la emprendedora y realizadora de cada detalle de la wallunk’a así como se lo hace en su pueblo.
Es un trabajo arduo –y más en el extranjero– conseguir estacas de madera que deben clavarse dos metros bajo tierra, que tengan entre 15 y 20 metros de alto y que sean lo suficientemente fuertes y estables para soportar el balanceo de las cholitas que suben al columpio, mostrando descubiertas el contorno de sus coquetas piernas. Contexto hasta erótico donde empieza la insinuación de adentrarse a ese mundo lúdico quechua que dice: “Despedirá a los muertos, y recibirá nuevamente la vida con alegría”.
“Esta fiesta la llevo en mi sangre, en años anteriores (seis antes de la pandemia) ese trabajo lo hacía con grúas y otra maquinaria especial, me daba la oportunidad de pagar todo eso, ahora he pedido ayuda a unos amigos. En lo personal si yo veo unas estacas mal puestas, nunca me subiría a columpiarme”, dijo Hidalgo.
“Estos arcos deben estar bien adornados, con pintura, guirnaldas de nylon, rozones, aguayos. Flores casi no utilizamos porque se marchitan y todo debe estar colgado un mes, después de Todos Santos y hasta un mes después, que sería la última fiesta en San Andrés”.
Y un adorno que no debe faltar en los arcos, pero que incluso en Bolivia fue cambiado por objetos de plástico como baldes, bañadores y otros, son las famosas canastas.
Sin chicha no hay wallunk´a
Para la reunión de este año Agustina Fuentes Muñoz, también oriunda de Cochabamba, dijo que hacer en España chicha con maíz, traído desde Bolivia, es una sacrificada labor. “El maíz es un pedido especial desde Bolivia y llega en contenedores conjuntamente con otros productos latinos. Una vez el maíz en mis manos, empieza todo un proceso de elaboración en mi piso (departamento) que está ubicado en la zona de Hospitalet”.
Fuentes elabora chicha desde hace cinco años en la zona donde los migrantes bolivianos representan un número significativo. Antes de la pandemia ella recordó que “vendía muy bien, desde el inicio del virus solo he parado de elaborar (la bebida) durante tres meses, hay precio menor y mayor, es decir, si me piden tres bidones de ocho litros les cobro 25 euros cada uno; pero si piden solo un bidón, el precio sube a 30”.
Después de wallunk’ear la gente se reúne y llora por sus historias, sobre todo los dolientes cantan coplas picantes, depende quién esté de duelo. El girar de la tutuma es infaltable. Aunque Ramírez indicó que la pandemia afectó hasta eso y “es como si hubiera más cuidado y precaución”.
Fuentes destacó su labor y dijo que su receta para obtener la chicha es especial “y depende de la mano, hacemos chicha q’ulli y la qellu ak’a.
Hidalgo recodó que otros años a sus wallunk’as llegaban fraternidades de danzas bolivianas de casi toda España. “Todos estos últimos años mis fiestas fueron hasta con orquesta, gran cantidad de chicha. En 2017 para las 10:00 llegaron danzarines hasta en seis autobuses, había una demanda impresionante de comida, francamente no daba abasto, aun así, llegué a vender hasta 500 platos de chicharrón. Tenía otros puestos de comida y una panadería de humintas, también”.
La nueva pasante
El pasado 5 de diciembre (culminando el encuentro con la fiesta de San Andrés) en medio de los arcos se vio (a través de la red social Facebook) columpiar a la nueva pasante del 2022. Hidalgo nombró a Celia Álvarez Ovando, quien será la responsable de organizar la wallunk’a. “Como nueva madrina voy a aprender, nunca lo he sido, para el año que viene mi comadre Marina me va a enseñar las costumbres, la verdad me encanta esta tradición, en Bolivia siempre he ido, y estos siete años que doña Marina ha realizado nunca he faltado a la columpiada”, dijo muy emocionada.
Una comprensión antropológicamente comunicativa del amor quechua
Melisa Fernández Csecs en 2015 en su estudio titulado: Luz, cámara ritual, escenario artístico de la memoria, para la Universidad Nacional de las Artes en Buenos Aires – Argentina; explicó que la Wallunk´a es un "columpio, una alegoría un vaivén entre el punto más alto y el punto más bajo. Arriba sólo es un instante, el descenso ya está en ella, como es la vida y la muerte, un eterno vaivén. La fiesta del columpio es el inicio de la época de la formación del par, el ser ch’ulla, impar, y va dejando su lugar a la pareja”.
Una celebración que inicia cuando “florecen los campos, en épocas de abundancia y de amor, cuándo los jóvenes quechuas se reúnen para bailar, cantar y conocerse. (…) La cosmovisión andina es de carácter cíclico: uno nace para morir y luego vuelve a la vida”.
Fernández argumentó también que “…las mujeres se mecen como si estuvieran desafiando a la muerte, simbolizando así la cosmovisión de este pueblo, donde la vida y la muerte son lo mismo. Además, en el calendario agrícola, esta celebración da apertura y cierre a diversas actividades (…) los muertos actuarían como interlocutores entre los seres vivos y la Pachamama, para tener condiciones prósperas para una buena cosecha”.
Un desempolvar de polleras
Que esta fiesta se realice en Barcelona entre la población boliviana, migrante quechua y se difunda en redes sociales es una respuesta en plena pandemia – y un reto – para quienes quedaron vivos con el afán de organizarla, por todos los ingenios que conlleva hacerla en el extranjero, así se mantiene viva una tradición, de despedida a los muertos con una llegada feliz a la vida.
A decir (en el dulce quechua) de Hidalgo “se ha pensado en organizarla, sobre todo este año, porque ha sido muy especial, si bien no he tenido familiares fallecidos por Covid-19, tengo muchas amistades que se si y se han hecho presentes, fue doblemente emocionante pesando que, si un día muero, que se acuerden por la organización de esta fiesta en España, he sufrido esta enfermedad y para mí su llegada fue como un huracán en mi vida…”.
Hidalgo recalcó que este año, fue como un desempolvar de las polleras, porque “en 2020 me quedé muy triste, me afané en hacerlo quise hacerme llevar por el capricho, el local donde siempre lo hacía paró, la pandemia sobrepasó los casos y contagios, la gente me decía, no lo hagas…, otros que sí…, y entendí que debía cuidar la salud de mi gente”.
* Es periodista y PhD en Procesos, Teoría y Práctica de la Comunicación en la Universidad de Sevilla-España.
























