La quema de la Pachamama y el cielo más puro de América
Israel hace 65 años, China hace 60 y Egipto hace 30, entre otros países, decidieron convertir gran parte de sus desiertos en bosques. Los israelitas detentan el mérito de haber sido el primero y los chinos el haber creado, en Saihanba, provincia de Hebei, el mayor del planeta hasta hoy. Los egipcios, por su parte, celebran su plan para colmar su territorio de bosques, otrora el 95 por ciento eran desiertos. Egipto tiene una superficie de 1.001.450 millones de kilómetros cuadrados, o sea, 9 por ciento menor a la de Bolivia (1.098.581 kilómetros cuadrados). Pero los bolivianos van exactamente en el sentido contrario al de los israelíes, chinos y egipcios, pareciera que la idea es convertir sus bosques en desiertos.
En diversas publicaciones especializadas, como las de National Geographic, Xataka o el diario español El Mundo, se habla sobre las murallas verdes y sus notables éxitos. El proyecto del mencionado país africano, por ejemplo, ya había alcanzado hace cinco años una superficie mayor a la de Panamá, o sea, 33 por ciento mayor a la de Costa Rica. Valga recordar que, para variar, Costa Rica, con sus 51.100 kilómetros de extensión (veintiunava parte de Bolivia) vive básicamente de la preservación de sus bosques. En nuestro país, los principales proyectos, actividades y modelos de desarrollo, estatales y privados, oficialistas y opositores apuestan por sobrevivir a costa de los bosques.
Agustín Siles, un activista que participó de movilizaciones contra la quema de los bosques cruceños, recuerda una conversación de la que fue testigo accidental.
-“¿Dejó la política, compadre?”, preguntó un empresario a un exactivo senador del opositor partido Podemos, en 2015.
- “Sí, compadre, hace seis meses me metí al negocio de la soya, y, mire, de ese negocio sólo se puede salir de una forma”, respondió el exsenador de la derecha boliviana.
- “Ah, sí, ¿y cómo se sale de ese negocio?”, inquirió el empresario.
- La respuesta fue corta: “Se sale rico”.
“Por esos años -dice Siles-, el empresariado agroindustrial celebraba la mejora de las relaciones con las autoridades del Movimiento Al Socialismo (MAS). Las reuniones con una poderosa autoridad a la que apodaban ‘la suegra’ habían pasado de la tensión, al hielo y luego hasta prácticamente la familiaridad. Los monocultivos estaban por ingresar en unos de sus booms históricos. La quema de los bosques, también”.
Una conducta marcadamente contradictoria si se consideran diversos discursos y mensajes de unos y otros. Los gobernantes socialistas abogan recurrentemente por la defensa de la naturaleza en los grandes foros internacionales. Paralelamente, los empresarios de la agroindustria y el negocio inmobiliario, mayoritariamente afincados en Santa Cruz, auguran que el futuro boliviano radica en su modelo económico. Lo hacen en emotivos encuentros y manifestaciones que se inician con el himno departamental cuya primera estrofa reza: “Bajo el cielo más puro de Ameeérica…”.
Discursos ecologistas
“Los movimientos indígenas hemos sido conductores de la hermandad, conductores de las políticas de complementariedad, de solidaridad -dijo el presidente Evo Morales en el foro de las Naciones Unidas del 16 de abril de 2018-. El movimiento indígena en especial tiene una vivencia con la Madre Tierra, vive en armonía con la Madre Tierra. La tierra no puede ser una mercancía, la tierra, el planeta está siendo humillado por el sistema capitalista. Si no cambiamos estas políticas del capitalismo, mal podemos decir que está garantizada la vida para todos los seres humanos que habitan el planeta tierra”.
Gary Rodríguez, ejecutivo del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) y defensor del sector empresarial, comentando un texto laudatorio del modelo señaló el 27 de septiembre: “Tal actividad resulta un buen negocio para Bolivia (la soya aportó al país más de 18.000 millones de dólares por exportación hasta la fecha). Además que no es un monocultivo, todo lo contrario, pues a la soya de verano le sucede en invierno la siembra de trigo, maíz, girasol, sorgo, chía y otros, bajo el concepto de ‘rotación de cultivos’, con ‘siembra directa’ y ‘agricultura de precisión’, cuidando la fertilidad de la tierra y protegiendo el medioambiente”.
El presidente Luis Arce Catacora, por su parte, fue reiterativo en sus mensajes internos e internacionales en la defensa del medioambiente. Por ejemplo, en 2021, lanzó
un decálogo en el Encuentro Mundial de los Pueblos por Nuestra Madre Tierra y contra la crisis climática. “Lucha frontal contra el capitalismo, fuente de origen del desastre ambiental, mediante el empoderamiento de los pueblos en la ruta de su liberación, porque el poder es del pueblo y para el pueblo y en esta lucha liberar a todos los seres vivos de la Madre Tierra, que se encuentran bajo la explotación mercantilista y capitalista”, decía el primer punto. “Seguir fortaleciendo el papel del Estado en el control de los recursos naturales estratégicos, promoviendo la distribución de los ingresos, para beneficio no solo de los seres humanos, sino de toda la Madre Tierra”, decía el segundo. Y así, sucesivamente. Hoy impulsa una masiva producción de biocombustibles con base en los monocultivos y la deforestación.
Extra calentamiento
Frente a los discursos y apuestas lanzadas por unos y otros, sólo en este lustro, las evaluaciones de diversas organizaciones marcan un radical contrapunto. Por ejemplo, la investigación “Cambio Climático en Santa Cruz, nexos entre clima agricultura y deforestación”, de la Fundación Tierra, señala: “En los últimos cinco años (2018-2022), la deforestación ha seguido intensificándose, alcanzando un promedio anual de 232 mil hectáreas. Durante los dos últimos años (2021 y 2022), Bolivia pasó a ocupar el tercer lugar entre los países del mundo con mayores pérdidas de bosques, después de Brasil y Congo (Weisse, Goldman y Carter, 2023). Este indeseable protagonismo global de Bolivia se debe a los desmontes concentrados en el departamento de Santa Cruz. En la actualidad, el 85 por ciento de la deforestación de Bolivia tiene lugar en el territorio cruceño”.
El texto, realizado por Gonzalo Colque, José Luis Eyzaguirre y Efraín Tinta, abunda en datos críticos sobre los efectos del desbosque en tierras bajas. Se trata de un estudio que repasa los cambios en las temperaturas registradas desde hace 40 años y realiza proyecciones para un periodo similar. La información se apoya tanto en monitoreos propios como de diversos observatorios nacionales e internacionales. En ese marco, uno de los datos que más ha sorprendido se halla relacionado con el incremento de las temperaturas.
La investigación subraya el probablemente dato más llamativo cuando compara el calentamiento del ambiente cruceño con los promedios planetarios: “En el periodo 1981-2022 y de acuerdo con los 14 puntos de medición establecidos, se evidencia que el calentamiento en Santa Cruz alcanzó 1,1 °C, al comparar el promedio de la década de los 80 con el promedio de los últimos 12 años (2011-2022). Según los mismos periodos de tiempo y promedios comparativos, el calentamiento a nivel global aumentó en 0,6 °C (NASA/GISS/GISTEMP 2023, IPCC 2023), lo que significa que la cifra de Santa Cruz es 83 por ciento superior con respecto al calentamiento del planeta”.
Luego añade la alerta de un principio de catástrofe adelantada frente a las previsiones globales: “Ampliando a 30 puntos de medición en la parte central del departamento, los resultados son bastantes similares ya que muestran que, en las últimas cuatro décadas, la temperatura aumentó en 0,9 °C. A este ritmo, Santa Cruz podría alcanzar el escenario crítico de 1,5 °C de incremento hacia el año 2035, es decir, en unos 12 años. Recordemos que a nivel global, el escenario de 1,5 °C hasta el año 2100 es considerado como el límite máximo para evitar las peores consecuencias sobre los ecosistemas, la biodiversidad y la subsistencia de las personas”.
Sin duda, no se podía esperar reacciones menores frente a la pérdida, sólo a nivel Santa Cruz, de 7,5 millones de hectáreas de bosque. Volviendo a las comparaciones, esto equivale a arrasar la superficie de Panamá e, internamente, dos veces una extensión como la de Tarija. Sólo en Santa Cruz, pero el problema del calentamiento adicional al que causan los cambios climáticos globales se produce en toda Bolivia. Los reportes del Ministerio de Medio Ambiente y Aguas del 30 de octubre sobre los incendios mostraban focos de calor en los nueve departamentos.
Esta especie de piromanía generalizada llegaba incluso a los altiplánicos Oruro y Potosí con 99 y 178 focos de calor, respectivamente. La zona más incendiaria en esos días ya no resultaba Santa Cruz, sino Beni con 77.355 focos de calor. Mientras que en el agro cruceño se producían 40.230 y en el trópico paceño había 8.213. En semanas previas la metrópoli más grande de Bolivia fue conmovida por una nube de hollín. La crisis forzó la suspensión de vuelos y clases escolares, así como diversas emergencias sanitarias. Los incendios no sólo eliminaron al “cielo más puro de América”, sino que su también célebre “perfumada brisa” se convirtió en hedor tóxico.
“En la zona de la Chiquitanía hay sitios que tienen bosque y sitios que lo perdieron -explica Oswaldo Maillard, investigador de la Fundación para la conservación del bosque chiquitano-. Allí realizamos una investigación junto con expertos internacionales. El resultado de aquel trabajo es que en los sitios con bosque la temperatura del suelo se mantiene estable. Pero en las áreas donde no hay bosque las temperaturas se incrementan. Donde se deforestó la diferencia llegó hasta un incremento de tres grados. En las zonas tropicales, cuando se conserva el bosque, las temperaturas se mantienen estables porque el bosque ayuda a regularlas”.
Islas de calor
El experto también explica el fenómeno del “efecto de las islas de calor urbano”. Cuando no hay vegetación, como sucede en áreas urbanizadas de las grandes urbes bolivianas, el concreto y el pavimento absorben el calor y lo irradian. Mediciones realizadas en los municipios señalan que la fiebre inmobiliaria optó por erradicar árboles para ganar espacios y sumó ese elemento al sobrecalentamiento boliviano. Según zonas y condiciones, los incrementos pueden variar entre los dos y tres grados. Santa Cruz, La Paz y Cochabamba marcan los récords en ese escenario.
Pero los cambios locales adicionales al cambio climático también se produjeron en el agro de los valles y las zonas altas. Otro experto, el agrónomo Juan Carlos Escalera, lo confirma. “El problema es nacional -dice Escalera-. Todo parece haberse descontrolado. Si vamos a los mínimos, hace 30 años, a alturas superiores a los 2.700 metros, la temperatura llegaba a menos 3 grados centígrados. En los últimos cinco años, estas temperaturas mínimas ya no llegan a cero grados, ya no se presentan temperaturas bajo cero. Eso ha generado múltiples consecuencias como plagas y enfermedades que hace tres décadas no atacaban a los cultivos de papa y hoy sí”.
Escalera abre así el escenario de las consecuencias que involucra, además, a los ciclos y fuentes de agua. Añade, al igual que Maillard, las correlaciones con los fenómenos externos y cíclicos, como el Niño y las sequías. Y remata al recordar la debilitada interacción que implica la evaporación de las aguas que los bosques enviaban hacia las cumbres andinas, “los ríos aéreos”. Sin los bosques de tierras bajas, los nevados dejan de acumular aguas y nieves, y los reservorios del líquido elemento se empiezan a secar.
Junto a las colosales quemas, otro fenómeno climático que conmocionó a los bolivianos en los últimos años fue la sucesiva desaparición de fuentes de agua. La desaparición o minimización de lagos, lagunas, bofedales y ríos son noticias recientes complementadas por una impotencia e impunidad generalizadas. Hasta el momento, ni empresarios ni políticos han esbozado soluciones claras al respecto. ¿Será que se va acercando el momento de seguir los ejemplos de quienes crean bosques?
Valga señalar que, un estudio de la Global Forest Biodiversity Initiative, publicado en 2016, señala que reconstruir un bosque cuesta cinco veces más que conservarlo. Y, claro, implica más de dos décadas de cuidadosos esfuerzos para lograrlo. Si lo sabrán todos aquellos países que nacieron mucho menos bendecidos por la Madre Tierra que los bolivianos.




















