Aluvión en Tiquipaya entierra los sueños y trabajo de costureros
Petrona Mamani vive hace 21 años frente al río Taquiña, en Tiquipaya, y nunca pensó que lo que parecía ser un día normal, dedicado a la confección de prendas de vestir, acabaría en un desastre. El 21 de febrero en ese municipio se registró una mazamorra que terminó, en un abrir y cerrar de ojos, con todo su capital, su taller y sus sueños.
“Mis máquinas de costura estaban ahí y todito lo ha tapado el lodo. Ahora no tengo nada, no sé dónde nos vamos ir con mi familia”, lamentó.
Un pedazo de pared que cubrió la cama, restos de un muro perimetral y columnas de cemento en medio de las rocas y lodo es lo que se observa en la vivienda de Petrona.
Como ella en Molle Molle Noroeste, una de las 12 OTB afectadas por el aluvión, muchos de los pobladores son costureros y por el aluvión perdieron sus máquinas, material, trabajo y sus talleres que quedaron cubiertos por el lodo y arrastrados por la mazamorra.
“Casi toda esta zona era de confeccionistas. No se puede cuantificar lo mucho que hemos perdido”, expresó Marco Silva, mientras sacaba del lodo, con la ayuda de su hijo y su esposa, cierres y telas que utilizaba para la confección.
Su casa, de un piso y donde habitaba desde hace cinco años está cerca del puente Chapisirca, en la avenida Circunvalación al norte de Tiquipaya. La misma quedó inundada porque la mazamorra se desbordó en ese punto. El muro de contención que se hizo después del aluvión de 2018 no resistió.
“Algo de material estamos rescatando, nos sirve”, contó su esposa. Añadió que el taller de su hermano también fue dañado. El de su hermana no tuvo mejor suerte. “Sus maquinitas de costura no hay, ella quedó parada, perdió todo”, lamentó.
Limbert Cruz también sufrió por segunda vez, su taller fu afectado y la bordadora que compró tras el aluvión de 2018 corrió el mismo destino que la anterior.
“La zona ya no es segura, nada nos garantiza que al año vuelva (la mazamorra) o en cinco años. Vivimos con esa susceptibilidad, lo mejor es que nos reubiquen”, planteó.
Agradecidos
Eran las 18:15, Filomena Silvestre y su hijo encendieron el televisor, ansiosos de ver el clásico paceño, el pasado viernes. Filomena apostó por el Aurinegro, su hijo por Bolívar. Terminó el primer tiempo y Filomena hasta ahora no sabe quién ganó la apuesta de aquel día.
En medio del pánico y con lo que llevaban puesto abandonaron su hogar, que está a una cuadra del río Taquiña. Dejaron atrás su tienda de barrio y su taller de carpintería ante la alerta de la mazamorra.
El aluvión destrozó todo a su paso, sin embargo, algo que muchos agradecen es estar con vida.
“Hemos perdido todo, pero tengo dos manos y dos pies para salir adelante y gracias a Dios tengo a toda mi familia”, agradeció Filomena.
SEPA MÁS
Cientos de casas destrozadas
Unas 80 infraestructuras quedaron inhabitables y 286 afectadas por la mazamorra.
El 2018 la mazamorra cobró cinco vidas
El desborde del río Taquiña de hace dos años causó la muerte de cinco personas. Entre ellas Gamaliel, un niño que retornó a su hogar en busca de su mascota.
Afectados exigen plan de reubicación
Los vecinos afectados exigen que el Gobierno cumpla con el plan de reubicación anunciado por la presidenta Jeanine Áñez, sólo piden tener
el derecho propietario.
OPINIONES
Casi toda esta zona era de confeccionistas, pero ahora perdimos el material, las máquinas. Ojalá se cumpla la reubicación general y que esta zona la vuelvan en área verde.
Mario Siles
Costurero de Tiquipaya
Ya no quiero vivir aquí, es muy traumante perderlo todo cada vez, me ha costado mucho recuperarme del 2018. Todo lo que había se fue, todo mi esfuerzo se ha ido, todo el trabajo.
Filomena Silvestre
Vecina de Tiquipaya


























