De Festivales de Teatro y Centenarios
Fadrique Iglesias Mendizábal
Desde tiempos inmemorables la gente consagra sus mitos y tradiciones y lo hace de forma prolongada, no en un día ni dos, sino a veces incluso en semanas.
Los festivales pues, han sido ampliamente explotados, sobre todo en tiempos de avances sacros y con motivos religiosos.
En el mundo posmoderno actual, en el que la cultura parece haber sustituido el efecto de adoctrinamiento masivo que ejercía el clero tiempo atrás, los grandes teatros y coliseos han tomado el lugar que las enormes catedrales representaban. Asimismo los festivales (sean de cine, de música, de arte o de teatro) son una suerte de cónclaves o concilios dependiendo del tamaño y su intensidad.
Estas reuniones, concretamente las de artes escénicas, además de su efecto expansivo y masificador, tienen un impacto muy importante y no desdeñable en el desarrollo económico. En cuanto a la oferta, puede ser orientada hacia la producción y enfocada en las industrias culturales. En cuanto a la demanda, con el consumo, enfocada a incrementar las infraestructuras turísticas y por último, como medio de democratización cultural, para acercar el disfrute artístico a la mayor cantidad de ciudadanos, teniendo un rédito político muy alto.
En Bolivia estos días se acerca una avalancha de eventos teatrales sin precedentes. Entre abril y mayo, los festivales relacionados con el teatro que copan la actividad nacional se llevarán a cabo en Tarija (junto con otras actividades artísticas), en La Paz y Sucre habrá sendos eventos escénicos con motivo del bicentenario del grito libertario y por último, el exitoso festival bienal de teatro de Santa Cruz.
En cuanto a Sucre, una iniciativa llevada por la asociación Proarte, sacará las papas del fuego para elaborar, en poco tiempo, un certamen de teatro con un presupuesto apretado pero con mucha calidad. La base de su éxito serán las ganas e iniciativas que puedan imprimir.
En cuanto a La Paz habrá una edición del festival de teatro, que aunque no exactamente su festival bienal Fitaz, digamos que tendrá algunos paralelismos. Se esperan 15 días de fiesta intensa a propósito también de la Capitalía Iberoamericana de la Cultura.
Respecto a Santa Cruz, con la asociación APAC al mando, parecen tener su reunión escénica mucho más encarrilada, fruto de los años de experiencias positivas uniendo a la empresa privada y colaboraciones públicas.
Estas actividades muestran una imagen dinámica de los lugares donde se llevarán a cabo, en contraposición con Cochabamba, que no sólo no tiene casi ya presencia en cuanto a festivales (de no ser por el excelente pero pequeño festival Bertold Brecht) ya que el año pasado se discontinuó el único festival nacional que contaba con un premio económico constante y protegido por decreto supremo: el Péter Travesí.
Esperemos que este año se invierta esta decadente tendencia y se acaben las mezquindades para recuperar un espacio que atraía propuestas de todo el país. Sin un festival de estas características, perdemos todos los cochabambinos, que dejamos ya no sólo de percibir los gastos directos (provenientes de la institución organizadora y la Administración Pública), sino también los indirectos (provenientes de los espectadores) y los inducidos (repercusiones económicas en demás comerciantes y negocios que alrededor del festival actúan como multiplicador).
Además de estas externalidades económicas positivas, los festivales son una enorme sinergia de fuerzas. Seguramente será uno de los momentos de mayor densidad intelectual por metro cuadrado en las ciudades citadas. Las calles rebosarán de espectadores que ya no sólo serán los habituales, sino curiosos pobladores que desearán hacer suyo lo que el parte del patrimonio local, porque estas fiestas tienen un carácter eminentemente lúdico, de celebración, expresivo y de intensidad.
Se trata del caldo de cultivo ideal para presentar nuevas propuestas, más arriesgadas, vanguardistas o de autores jóvenes que durante el año tienen dificultades de exhibición dada la temática o la disposición limitada de espacios y de públicos.
En 2010 se cumple el segundo centenario del grito libertario de Cochabamba, ojalá que no dejemos escapar esta excelente oportunidad o excusa para aglutinar fuerzas de las administraciones públicas, empresarios y ciudadanía y disfrutemos de nuestra rica cultura entre todos.

























