Emocionante fin de fiesta
Macacha volvió a reflexionarme acerca de la felicidad que nos deparará la continuidad del destino cuando Evo siga gobernando nuestro país el 2030, pero al contemplar unas “humintas” a la olla cayó también la cholita en esta nueva tentación gastronómica.
Hace ya mucho tiempo que la cholita cochabambina, que me ayuda a escribir, me convenció de que los bolivianos somos felices bailando y votando, notables ejercicios que nuestras intuitivas autoridades captaron al disponer que a continuación de las fiestas carnavaleras tengamos que votar en un referendo la modificación de la Constitución. De esa manera, no habrá la necesidad de tener que cambiarnos de disfraces y nos divertiremos disfrazados de pepinos o de doctorcitos.
Esta mañana muy tempranito vino a despertarme con ese entusiasmo y talante tan propios de las cholitas quillacolleñas, y cuando yo le dije dónde iríamos a bailar, ella repuso muy seria: “hoy no nos toca bailar sino votar por el Sí o por el No, o si estamos con el Evo per sécula seculorum amén o sólo lo queremos hasta el 2019.”
Como no me gusta ver a mi comadrita tan seria, le recordé la última conversación que sostuvimos con nuestros amigos yatiris Kalimán, Mandrake y Titirico, quienes habían sido contratados por Evo y su “cumpa” el ministro Juan Ramón Quintana para intervenir con sus poderes sobrenaturales y ganar este referendo, respondiéndome Macacha que su fe en los brujos andinos había disminuido y que tenía mayor confianza en el Padrón Electoral y en la sabia actuación de los Árbitros Bomberos, a pesar de que éstos quedaron muy desprestigiados después del incendio que se produjo en la Alcaldía de El Alto.
Como nuestro diálogo iba tornándose muy serio y nos encontrábamos en plena fiesta democrática, no pudimos resistir a los olores que se desprendían de unos chicharrones, cayendo en la tentación de engullirlos con avidez, postergando por una hora nuestro deber cívico de votar.
Al concluir la degustación del mencionado manjar criollo, Macacha volvió a reflexionarme acerca de la felicidad que nos deparará la continuidad del destino cuando Evo siga gobernando nuestro país el 2030, pero al contemplar unas “humintas” a la olla éstas desplazaron al propietario del Palacio Real de la plaza Murillo fuera de consideraciones políticas, cayendo también la cholita en esta nueva tentación gastronómica.
Columnas de Adrián Zingales



















