Fue goleada, no 2 a 0
La retractación obligada de tres periodistas, hace dos, semanas sobre lo que informaron tiempo atrás sobre el Presidente y una Ministra, y los propósitos de realizar un filme sobre el “Cártel de la Mentira”, que se dice subyace en los medios, sigue enturbiando las relaciones periodistas–poder político.
Un filme sobre periodistas y medios, para desprestigiarlos, patrocinado nada menos por el Estado, es malversar plata del pueblo y una oscura intención de someter a la prensa al dominio del poder masista.
El Estado no puede ir contra el mismo Estado. No puede derrochar dinero en desprestigiar instituciones que son parte del mismo Estado como la comunicación social, que ahora es parte material y constitutiva del Estado, porque canaliza la garantía para el “pluralismo político” del “Estado social de Derecho”.
La ortodoxia política masista seguida con obsecuencia por sus legisladores, cree que hay una sola manera legítima de vivir; bajo sus totalitarias consignas, y que, fuera de ella, no cabe más que la persecución. No quiere que bolivianas y bolivianos practiquemos el ejercicio soberano y autónomo de la razón y la libertad de pensar. Pretende imponer su miope manera de ver la política y nos obliga a seguir sus mandatos. Hace trizas las bases mismas de la democracia, de la Constitución. Se opone a la reflexión, al diálogo, a las posiciones plurales, disidentes.
Medios y periodistas tenemos la misión de observar al poder, de informar sobre quienes los ejercen, de revelar las irregularidades, la corrupción, los odios raciales. Representamos la autodefensa de los ciudadanos. Somos los ojos y oídos de la sociedad antes que del poder.
Se dice que gozamos de “exagerada” libertad de expresión. Son palabras hueras. La actividad informativa, los medios y periodistas estamos amenazados por donde lo veamos. Incluso por el hedonismo celebratorio del gobierno sobre las retractaciones. “Me retracto, me contraretracto”, dijo Humberto Vacaflores, mientras que Amalia Pando: “Me disculpo. ¿Quiere que ponga de rodillas?”, que no gustó a muchos, porque dicen faltó sinceridad. Ganamos 2 a 0 dijeron. Se regocijaron en términos deportivos. Los “pollos de granja” fueron aplastados. Y como siempre fue una celebración con las patas, como en el fútbol.
Al contrario, fue goleada por la alta propaganda a favor de los medios y periodistas, y en descrédito y desmedro del poder masista. Los procesos judiciales significan una apreciable publicidad en favor de la prensa, así hayan “perdonavidas” por medio. Foros y periodistas del mundo comenzaron a pronunciarse en favor de los enjuiciados. Ahora son más conocidos por su celo sobre la administración actual y han recibido multitud de muestras de apoyo y solidaridad, así hayan habido errores o equivocaciones, “faltas” diría la Ley de Imprenta, pero no “delitos”.
No es ganarle al periodismo, sino desconocer el derecho a la información, sus fundamentos. Se desconocen sus alcances sobre adecuación o conflictividad –en casos de funcionarios públicos–, entre los derechos fundamentales de información y a la dignidad, la difamación, que implicó los juicios, y sobre los que no hay estudios, fallos jurisprudenciales y ni siquiera los jueces se molestan en revisar el derecho comparado en esta materia, de lo que nos ocuparemos en nuestra próxima entrega.
El autor es periodista
Columnas de JAIME D’MARE C.




















