Cuando Hobbes le dio un puñetazo a Montesquieu
Que las transformaciones políticas son evolutivas y no de shock como en la economía es un argumento cuando menos debatible después del triunfo de Trump.
Un mea culpa para los cientistas sociales y para algunos ciudadanos: nos hemos centrado en situarnos en un pedestal moral intentando enseñar al resto de “ignorantes” en qué consiste la democracia y sus consecuentes valores, cuando en la política el deber ser ya fue rebatido muchos siglos atrás por Aristóteles.
Desde mi punto de vista, toda la perplejidad aparente que vimos destilar luego de la victoria de Trump se puede interpretar a partir de una característica largamente estudiada en las ciencias sociales como es el estado de naturaleza de los seres humanos.
En orden cronológico, Hobbes decía que el hombre es egoísta por naturaleza, que nos encontrábamos viviendo en un constante estado de guerra en el que nos enfrentamos unos contra otros, los individuos sienten que no tienen las garantías suficientes para vivir por lo que recurren a un poder común que sea lo más fuerte posible para regular ese enfrentamiento. Por esto nace el Estado como ente que controla y mantiene atemorizados a los individuos lo suficiente para que no se desate una guerra.
Por otra parte, Montesquieu, a quien se lo conoce por su célebre tesis de la separación de los poderes en un Estado, sostiene que el estado de naturaleza no necesariamente es un estado de guerra. El enfrentamiento no es parte de nuestra naturaleza, la guerra es un fenómeno social. En este marco el Gobierno es el encargado de atenuar el enfrentamiento entre nosotros; sin embargo a diferencia de Hobbes, el francés propone una lógica de descentralización del poder.
Por tanto, para el inglés es el gobernante, mientras que para el francés es el diseño institucional. La madrugada en la que conocimos los resultados de las elecciones de EEUU asistimos al momento en que Hobbes se levantó y le dio un puñete a Montesquieu mientras le decía que se confirmaba sus tesis de que Primero: el principal vínculo que nos une a los seres humanos proviene de los beneficios que buscamos tener y no de una suerte de respeto por lo que se piensa es racionalmente aceptable en una sociedad. Segundo: que se evidenciaba la idea de un temor difuso que hasta entonces se vivía por uno del tipo determinado.
¿Existen alternativas para que Montesquieu se erija de nuevo sin necesidad de responder con el mismo golpe a Hobbes? Quizá una que se me ocurre es que los políticos creen un nuevo lenguaje político que dé respuestas innovadoras a problemas reales, a esa pequeña gran política cotidiana que vive el ciudadano promedio. Cada vez más los ciudadanos ven amenazadas sus prácticas rutinarias, sea con la intromisión de inmigrantes que les quitan sus empleos, con la amenaza de una crisis económica o con la sensación de inseguridad ciudadana.
Cualquier oposición política que quiera emerger para enfrentar a estos defensores de la idea nacionalista de cerrar sus fronteras, o del discurso agresivo que llevan a arrinconar cualquier idea que tenga relación con lo político como algo negativo, debería rescatar y diferenciar aquello que Hegel nos dijo sobre la libertad. Ésta es obedecer las leyes, es en el Estado donde debe reinar la libertad; mientras que la sociedad civil es el reino de la necesidad, es allí donde en tanto no se les atienda y en lugar de eso se instalen ideas reactivas contra todo el régimen político que nuevamente se puede levantar Hobbes para darnos ahora una patada y dejarnos claro que la necesidad del liderazgo atemorizador y que consideramos como “irracional” y concentrador del poder es la única alternativa.
El autor es politólogo
Columnas de MARCELO AREQUIPA AZURDUY


















