Europa: ¿Quo Vadis?
El discurso del miedo y del odio hacia el migrante, asociándolo al terrorismo, junto a la islamofobia, a las agresiones sexuales, a la violencia va calando en la población, que acepta recortes drásticos en las libertades y derechos
Desde el primer momento, con el triunfo de Emmanuel Macron, Francia, una de las potencias del capitalismo avanzado, garantizaba ser el sostén principal de una Unión Europea en zozobra. Además de cerrarle el paso a un populismo ultraderechista, fascista y xenófobo, encarnado en Marine Le Pen, Emmanuel Macron victorioso del balotaje, vencía al Brexit y a Donald Trump, potenciales aliados del Frente Nacional. Con un sistema político de partidos tradicionales (liberales, conservadores y socialdemócratas) en retirada incluida la izquierda de Jean-Luc Mélenchon con la Francia Insumisa, el encanto de lo nuevo jugaba a favor de Macron. Apelando a la libertad, la igualdad y la Fraternidad, reiteraba su solidaridad con Europa y casi como un mantra que busca purificar todo lo descompuesto a su alrededor anunciaba “Defenderé Francia, sus intereses vitales, su imagen”. “Defenderé Europa: es nuestra civilización lo que está en juego, nuestra manera de ser libres”.
Pero, ¿cuál es la Europa de este milenio a más de las promesas, que por el momento han conjurado ofensivas nacionalistas jacobinas, pero que al final ofrecen casi nada para acallar los tiempos de incertidumbre y temor que se ciernen en una Europa enfrentada a procesos de globalización empobrecedores? Porque no es suficiente apelar al triunfo de caras nuevas, —que por ahora se parecen más a lo que evitan que a lo que proponen—, para apaciguar los ánimos.
El reto para la nueva euroélite gobernante es enfrentar las barriadas y periferias de las grandes ciudades donde se concentra la población de origen migrante con tasas de paro elevadas, fracaso escolar o fin de la escolaridad gratuita para los hijos de los extranjeros. ¿Qué hacer con la oleada de refugiados? ¿Cómo evitar la exhibición de actos de racismo, de militarización de las fronteras y el trato inhumano a familias enteras por el solo hecho de no ser europeas?
La inmigración masiva no es una empresa fácil de gestionar, pero está claro que no se la puede ni debe enfrentar con la inferiorización y la criminalización a título de poner a salvo la civilización occidental. Los enemigos de la civilización no son aquellos que llegan de otros territorios expulsados por las guerras, la muerte y los intereses imperiales que las promueven; es la pérdida de una identidad cosmopolita fundada en valores de hospitalidad y defensa de los derechos humanos. Europa dedica miles de euros para salvar al sistema financiero capitalista de países en crisis, pero, sin embargo, sólo destina unos miles para encontrar una salida digna para poblaciones enteras de africanos y musulmanes que migran, en un éxodo sin precedentes.
El discurso del miedo y del odio hacia el migrante, asociándolo al terrorismo, junto a la islamofobia, a las agresiones sexuales, a la violencia va calando en la población, que acepta recortes drásticos en las libertades y derechos ya no sólo a los migrantes, sino a todos. Las fronteras internas también se cierran. Se construyen vallas, se activan controles en los aeropuertos y puertos. Bajo la excusa de la seguridad y la protección de valores occidentales y democráticos, las élites europeas encuentran el clima ideal para adoptar policías de austeridad, mientras se desentiende de los efectos más perversos de la globalización. Y todo ello en nombre de la civilización y de una presunta libertad.
La autora es socióloga.
Columnas de MA. LOURDES ZABALA C.















