La muerte es el olvido
Comúnmente los tres ámbitos que conforman la cultura son la relación entre las personas, la relación con la naturaleza y la relación con la transcendencia. Los tres ámbitos configuran nuestras formas de actuar, imaginar, pensar, crear, etc. En el caso de la trascendencia toda cultura tiene una creencia sobre lo sobrenatural que está en ligazón con lo divino o la muerte para citar dos ejemplos. Hablar de una cultura boliviana es complejo debido a la diversidad que se manifiesta de región a región, pero todas las regiones tienen momentos como la festividad de difuntos que se viven a través de distintos rituales y símbolos. Sería un ejercicio extremo mencionar todos los elementos a los que acudimos los bolivianos para recibir a nuestros seres queridos, sin olvidar que esta fiesta también se vive en otros países latinoamericanos.
Lo importante es reflexionar que todos los ritos y símbolos practicados y utilizados en estas fechas tienen la finalidad de recibir a los visitantes, un momento donde la muerte es suspendida y se vive un espacio de encuentro con quienes no están físicamente. Distintos elementos se ponen sobre las mesas, las cuales pueden estar en el centro de nuestros hogares o cerca de los lugares donde se encuentran los “restos mortales” de quienes fueron amados. Ellos están dispuestos para recibir al visitante luego de su viaje y también están colocados para que su partida sea llevadera.
Cada familia en nuestro país, según lo que les fue transmitido de generación en generación, celebra la llegada de “sus muertitos” con elementos comunes y particulares. Lo común pueden ser las masitas en sus diferentes variedades. La particularidad depende del muertito, bien puede encontrarse un pique macho, sajta, majaito, saíce u otros según el gusto de cada quien. Tampoco pueden faltar un buen café, té o los elixires alcohólicos que tanto degustaban.
La fiesta según la historia es una muestra de sincretismo entre la religión católica implantada por la colonia y las tradiciones de los pueblos. La religión no pudo extirpar las costumbres arraigadas de los pueblos y realizó transformaciones en sus propios dogmas para adaptarse. Más allá de las explicaciones antropológicas, etnológicas o históricas sobre este tipo de prácticas que intentan teorizar el cariño, se encuentra un aspecto central de la fiesta. Ella no sería posible sin el recuerdo, él posibilita el reencuentro. El campo literario y artístico también ha tenido su acercamiento al fenómeno, una novela imperdible es el “Run Run de la Calavera”, en tanto que existen obras fílmicas como dos cortos muy bien producidos y con reconocimientos, “Plato Paceño” y “Día de la Mesa”. Lo interesante de estas obras es la ficcionalización sobre nuestras costumbres del lado de los vivos y del lado de los muertos, las cuales sin teorizar se plantean la vivencia de la fiesta. Muestras de cómo recordamos y nos encontramos con aquellos a quienes amamos, seres que mantienen vivas nuestras más profundas tradiciones y nos repiten una y otra vez que “La muerte es el olvido”.
El autor es filósofo
Columnas de ALEJANDRO CARVAJAL


















