Tuya o mía
La gloriosa Central Obrera Boliviana (COB) de nuevo fue noticia, esta vez por la renovación de su Comité Ejecutivo que en los últimos meses tuvo a mal traer a las autoridades nacionales que vieron en el secretario ejecutivo saliente, Guido Mitma, un proletario contestario. Lo que dio lugar a que se especule que desde allí promovieron la caída del mencionado minero.
Fracasó el intento de llevar a la cabeza a un campesino y al final se impuso el sector minero que seguirá dirigiendo a los trabajadores del país. No hubo mayores dificultades y lo que parecía que sería conflicto interno terminó con el triunfo de Juan Carlos Huarachi, quien dijo apoyar el llamado proceso de cambio.
Pero Huarachi ha dejado algunas señales importantes antes de reunirse con el presidente Morales. Por ejemplo, manifestó que un trabajador debería ser el candidato a Vicepresidente de la República y quiere presencia obrera en la Asamblea Legislativa Plurinacional, lo que preocupará a muchos. Con ello se puede prever que las negociaciones con el Órgano Ejecutivo van a tener roces, no solo en del índole laboral sino en el político.
Por ahora seremos testigos de la conformación de las tradicionales comisiones para el trabajo conjunto en la búsqueda de soluciones a las demandas de los trabajadores. Lo prioritario -con seguridad- será el incremento salarial. Y aquí el primer peligro para el resto de los bolivianos, pues un incremento salarial que esté más allá de la inflación pondrá en peligro las finanzas nacionales y la de los empresarios; en especial los mediano y pequeños productores que luchan por vencer el peso de los tributos y el del contrabando.
La solución de ese tema importante para los trabajadores puede prestigiar o no a los miembros del actual Comité Ejecutivo de la COB, que no debería ser el único en esta coyuntura. Está en mesa el despido de los trabajadores de Correos de Bolivia, lo que sucede en la Caja Nacional de Salud o lo que no pasa en la Gestora Pública de pensiones que hasta ahora arranca y ya consumió varios millones en su etapa inicial.
Por ahora todo es protocolo, pero sin duda la agenda de los trabajadores no tiene que ser la misma que la del Gobierno. Los intereses de estos pueden estar en contradicción con la de los gobernantes como ya ha sucedido en la larga historia sindical. El grado de conflictividad dependerá de cómo se compensen mutuamente.
La COB debe velar por los trabajadores del país, no por las autoridades gubernamentales que en función de sus intereses políticos deben optar por otras vías que lo alejan de los obreros organizados. Un ejemplo lo tenemos en las fricciones de la minería estatal y el de las cooperativas, contradicción que no fue resuelta y permanece en el limbo. Mas es un polvorín que puede estallar.
Muchos gobiernos han querido controlar la COB. Algunos han logrado tener peso en sus decisiones, pero pocos han tenido el éxito asegurado por siempre.
Columnas de JORGE MELGAR RIOJA

















