Mala hora
El hecho que la Comisión de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA haya aceptado la demanda en contra de Bolivia por crímenes de lesa humanidad, preocupa al Gobierno ya que la cabeza visible de la república es el presidente Evo Morales. Ese tipo de delito no prescribe ni respeta el cargo.
El caso se remonta al asalto del hotel Las Américas cuando supuestamente se ajustició extrajudicialmente a ciudadanos extranjeros. En esa época, marzo del 2009, el presidente Morales declaró que él dio la orden para que se proceda con el operativo que según la versión oficial era para atacar una célula separatista. Algo que no se ha podido probar.
Morales en el acto de su posesión afirmó que durante su mandato no habría un boliviano muerto y se daría un duro combate contra la corrupción. Muertes hubo y muchas. Actos de corrupción también, basta mencionar a Santos Ramírez con los negociados de YPFB, luego las barcazas chinas, el Fondo Indígena. Todo ello se investiga en casa y va al ritmo que se marca desde el poder que tiene control de la Asamblea Legislativa Plurinacional, del Órgano Judicial y del Ministerio Público.
La corrupción en el Brasil ya salpicó a muchos en Sudamérica. Bolivia estaba al margen hasta que la operación Lava Jato llega con malas nuevas. Habría pagos por adjudicación de carreteras. Se investigará, pero la duda es si será transparente y se abrirá el abanico en su extensión, pues no podemos olvidarnos de la carretera Beni-Cochabamba que sería ejecutada por la OAS, empresa dizque ligada al Partido de los Trabajadores del cual es líder Lula da Silva, ex presidente de Brasil que estuvo en Bolivia para apoyar esa obra y otros proyectos.
En este caso corresponde incluir en la investigación ese financiamiento. Si bien la obra fue paralizada, necesitamos saber, el pueblo brasileño precisa saber, qué pasó con el dinero desembolsado, cuánto y cómo se invirtió. Y es preferible que lo hagamos en casa antes de que desde la justicia brasileña lleguen datos que obliguen a investigaciones que ya hemos visto en Ecuador y Perú.
Es triste ser testigo de cómo se desmorona la esperanza de tantos. El Socialismo del Siglo XXI tiene ante sí un reto muy grande, convencer que no usó dinero público para el enriquecimiento ilícito y llenó de corrupción las venas abiertas de América Latina. Pero hay tantas señales que dejan dudas. Quien permanece inmaculado es Pepe Mujica, el sencillo expresidente de Uruguay que no abandonó su modesta vivienda ni se hizo comprar aviones ni coches blindados. Su vestimenta es la misma, ropa sencilla como la que usan los obreros de su país.
La honestidad no se la autoproclama, se la demuestra con hechos.
El autor es periodista
Columnas de JORGE MELGAR RIOJA
















