Creación de empleo y las cooperativas
Seiscientos quince empleos fijos y otro tanto de empleos indirectos ha creado Coboce en sus 44 años de existencia y su mercado está en expansión permanente, con la ampliación de su capacidad productiva que suma más y más inversiones. Coboce continúa siendo un modelo de crecimiento. Admirable esta obra de los cochabambinos, aunque inspirada en los principios cooperativos. Uno de sus referentes, José María Arizmendiarrieta que convirtió a Mondragón en la meca del cooperativismo mundial.
El fundador ha sostenido que el trabajo es un servicio a la comunidad y la mejor forma de desarrollo para el ser humano. No es castigo de Dios sino una prueba de confianza que nos convierte en cooperadores de su obra y socios de la empresa que transforma y multiplica las cosas. El ocio no puede ser una bendición porque el trabajo es la contribución humana al plan de Dios.
Al nacer el sistema de Ahorro y Crédito para combatir la usura, por cada unidad de 10, 20, 50 cooperativas se crearon muchísimos otros tantos empleos en poco tiempo, hasta la aparición de unidades de servicios, de producción, de transporte y de planificación, siempre bajo el control democrático de las asambleas y concejos de administración y vigilancia. En el caso de la multifacética Coboce, su desarrollo la ubica como el primer grupo financiero de Cochabamba y uno de los primeros de Bolivia.
Puede producir 3.200 bolsas en una hora, es extraordinario. Y su capital, por encima de 300 millones.
Dos enemigos del cooperativismo cohabitan bajo un mismo techo, el copamiento del control democrático, sea por sindicatos que pretenden demasiado (en Mondragón no hay sindicatos paralelos con sus 30 cooperativas) y la burocracia facilona, que acude al préstamo externo y la tentación de prescindir de sus propios órganos internos que regulan su sana administración.
La sabiduría de Arismendiarrieta nos previene de las utopías cuando su autor intenta imponer sus sueños sobre personas en contra del deseo colectivo. “Ponernos a salvo de aspiraciones utópicas, aunque estén revestidas de perspectivas halagüeñas”, dice, cuando se refiere al futuro cooperativo.
Imbuido de la idea cooperativa, recomienda la reflexión, la ponderación, la racionalidad y el buen sentido como guías a la hora de tomar decisiones, confrontar la realidad y los datos que van en permanente mutación. Los hechos concretos superan a cualquier hipótesis. La teoría es necesaria, pero no es todo “se hace camino al andar” nos lo recuerda el sabio sacerdote que inspiró Mondragón. (Norte de España. Ver en google C.C.M.)
El autor es periodista.
mauricio.aira@comhem.se
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