Los logros en la lucha contra la pobreza son sólo el principio
Desde hace 25 años se conmemora en octubre el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, lo que hace propicio que destaquemos los avances, tracemos las metas y continuemos en esta tarea conjunta de mejorar el bienestar de la población más vulnerable.
En este marco, el Secretario General de Naciones Unidas ha recalcado que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, tal como se establece en la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, sigue siendo uno de los mayores retos globales y una de las principales prioridades de nuestra organización. Esta tarea no es una cuestión de caridad, sino de dignidad y justicia, dada la conexión fundamental entre la erradicación de la pobreza, el respeto a la igualdad de derechos humanos de todas las personas y el proceso de desarrollo de las naciones.
En el caso de Bolivia, la información más reciente revela que el país ha logrado los mayores avances en la reducción de la pobreza en toda la región y ha ocupado, según el Banco Mundial, el primer lugar en materia de prosperidad compartida, dado que el crecimiento del ingreso del 40% más pobre de la población superó el promedio del crecimiento total.
Entre 2005 y 2015, la distancia entre el ingreso del 10% más rico y el ingreso del 10% más pobre de la población se redujo a más de la mitad, pasando de 92 a 37 veces. La incidencia de pobreza extrema, que afectaba al 36,7% de la población en 2005, se redujo al 17% según la última medición de 2017, mientras que la pobreza moderada se redujo del 60% al 36% en el mismo periodo.
Estas alentadoras noticias no deben ser asumidas como un desafío cumplido, sino que más bien representan el punto de partida para el análisis y la toma de decisiones para los siguientes años. Dos ideas centrales se desprenden de esta reflexión. La primera se relaciona con la necesidad de preservar los logros alcanzados y continuar en la senda acelerada de reducción de pobreza que se obtuvo en los últimos años. Ello requiere del diseño e implementación de políticas públicas de nueva generación, en las cuales se aborden aspectos centrales que hacen a la mejora de condiciones de la juventud y de los grupos más vulnerables.
De acuerdo a estudios realizados por Naciones Unidas, los aspectos de intervención pública que coadyuvan para no recaer en pobreza tienen que ver con la calidad de la educación escolar, el aumento del acervo de activos en el hogar, la diversificación productiva con empleos de calidad, el aumento de la cobertura de educación terciaria, tanto universitaria como no universitaria, así como la incorporación plena de la mujer en el mundo económico, aspecto que hoy se encuentra limitado a los roles históricos de cuidado y trabajo familiar no remunerado que, en definitiva, imponen restricciones al empoderamiento de la mujer en el mundo laboral.
La segunda reflexión tiene que ver con en el hecho de que, aun en un contexto económico y social favorable, un tercio de la población boliviana sigue viviendo en situación de pobreza. Esto llama a la acción para intervenciones decididas en favor de comunidades y territorios que no deben ser olvidados. Para esto, la reorientación del gasto e inversión en municipios, distritos urbanos y espacios territoriales más vulnerables debe abordar una estrategia integral de acción que incluya: el acceso a servicios básicos, salud, educación y programas de desarrollo productivo que incidan de manera directa en la erradicación de la pobreza, la inclusión social y la mejora de la calidad de vida.
Resta recalcar la necesidad de dar voz y participación a los millones de personas que aún viven en condiciones de exclusión y pobreza, haciendo frente a las estructuras de poder que impiden su inclusión en la sociedad y socavan su dignidad. Debemos construir un modelo más justo que cree oportunidades para todas y todos y velar porque el rápido avance tecnológico potencie los esfuerzos por erradicar la pobreza. En la conmemoración Internacional para la Erradicación de la Pobreza, comprometámonos a cumplir el objetivo fundamental de la Agenda 2030 que pretende no dejar a nadie atrás.
El autor es el coordinador residente del Sistema de las Naciones Unidas en Bolivia
Columnas de MAURICIO RAMÍREZ VILLEGAS

















