Reconciliación y diálogo
Estas semanas tan intensas a consecuencia de las elecciones generales nos han dejado, por muchos momentos, no solo inquietos, preocupados, indignados y seguramente con un sinfín de emociones desde el lugar de donde veíamos todo. Al mismo tiempo han dejado en descubierto los grandes problemas estructurales que tenemos como sociedad, como el racismo y la corrupción, como la ausencia de valores morales y éticos para sobrellevarlos, y han expuesto que nuestra convivencia social no marcha bien. No solo entre zonas, norte y sud, campo y ciudad, sino incluso en grupos más pequeños de instituciones, sectores, amigos, colegas y familiares, donde han discutido e inclusive se han salido de grupos de WhatsApp y se han bloqueado a los “amigos” de Facebook. Nada es relativo.
Evo Morales no solo ha sido el primer presidente indígena, también el presidente que ha estado más tiempo en el poder y que ha representado a varios sectores sociales del país, más allá de que en este último tiempo haya perdido no solo el horizonte político sino también humano. No quiero atacarlo, mucho menos defenderlo, solo observar algunos aspectos que debemos considerar para instalar verdaderos espacios de diálogo y que como sociedad debemos proponer a los que nos gobiernan y lideran:
Es básico escuchar y tratar de entender lo que los “otros”, hoy el partido del MAS, hoy los seguidores del MAS, hoy los que se movilizan por distintos motivos a nombre del MAS, quieren decir, sienten con lo acontecido y esperan que ocurra.
Es básico hacer ver a todos los actores políticos (partidos, agrupaciones, pueblos indígenas), cívicos, autoridades, medios de comunicación y comités de organizaciones sociales lo que podemos conseguir si nos sentamos a hablar, dialogar, intercambiar y negociar. La clave es “separar a las personas del problema”, y empezar a dialogar en los asuntos en los que sí podemos ponernos de acuerdo, y en este caso y momento se trata de nuevas elecciones. No mezclar, ni mucho menos volver a lo que tanto hemos criticado: la falta de independencia judicial. Para eso hay instituciones (Ministerio Público y Juzgados) que deberán cumplir con sus funciones, nada más, sin presiones y sin venganzas, con total independencia. Así como no destruir los aspectos positivos en los que el país ha avanzado gracias al MAS como gobierno.
Es básico trabajar también en la suspensión de los prejuicios, evitar el ataque, la degradación, el menosprecio y la confusión. Este tipo de ceguera nos aleja de la posibilidad de aprender de los demás y, lo peor, no genera confianza. Necesitamos que todos los convocados y sentados a la mesa del diálogo intenten y traten en todo momento de avanzar, de reconocer al otro, de ser asertivo. Necesitamos que este diálogo sea a la altura de nuestras aspiraciones societales actuales, que trabajen por darnos paz y generar procesos de reconciliación.
Es básico generar condiciones para un intercambio equitativo, y esto pasó por alfabetizarnos en una comunicación empática, una escucha fraterna y mucha prudencia a la hora de hablar. Es ahora cuando debemos entender la interdependencia, es decir, que todos los que dialogan sepan que no podrán alcanzar nada de forma unilateral, que nuestras decisiones actuales y nuestro destino pasan por hermanarnos, entendernos, apoyarnos y, desde nuestras diversidades, construir nuestra casa común. Cuidar nuestras palabras, debe ser parte de nuestro propósito.
Y finalmente, si no dialogamos y no llegamos a un acuerdo, existe un riesgo grande para todos, la postergación y no hacer de Bolivia una patria grande.
La autora es abogada
Columnas de DANIELA GUZMÁN



















