Cuando los amigos comienzan a partir
No hace más de 10 días falleció en la ciudad de Santa Cruz Fernando Gonzalez Quintanilla, a quien me unió una entrañable amistad que, si bien prolongados distanciamientos en el tiempo nos separaron de un contacto personal frecuente, la química entre ambos se mantuvo a lo largo de los años de una manera quizá desapercibida pero sin duda evidente. Me lo confirmó en una conversación telefónica hace unos seis meses.
En la misa que se ofició en su memoria, acá en Cochabamba, escuché con atención los discursos de diferentes oradores, especialmente la excelente apología de su hermano Lucho y el sentido homenaje recordatorio de su esposa Susy a nombre personal y de sus dos hijos, así como de otros amigos del recordado Fernando.
Todos destacando la trayectoria estudiantil, política, diplomática, docente y varias otras que hicieron de su vida un ejemplo para generaciones de jóvenes que tomaron su legado como un modo de superación en diferentes actividades, siempre con la meta por mantener los valores democráticos y de libertad en Bolivia.
Pero, mientras escuchaba los discursos, no podía alejar de mi mente otras facetas, quizá algo frívolas, pero que también marcan la formación de una persona, con especial énfasis en las relaciones de amistad que perduran toda la vida.
Me refiero a la transición entre la adolescencia y la edad, diría, prejuvenil. Me precio de haber compartido esa etapa con Fernando. Y, claro, con muchos otros amigos un poco mayores que yo, sin embargo, el colegio San Agustín logró, creo sin proponérselo, una convivencia de alumnos de diferentes niveles que, finalmente, se congregaron en una fraternidad.
Fernando fue miembro activo de esta agrupación mixta que contó con la incorporación de las primeras quinceañeras, consolidando unos lazos de amistad y compañerismo que se mantienen por más de 50 años. Pocos quizá conocen que era el mejor billarista del grupo y, como tal, requería buenas horas de prácticas, a las cuales muchos nos uníamos, robando valiosas horas al estudio, intentando luego compensarlas de una u otra forma, no siempre con éxito.
No creo salirme del contexto de la remembranza de una vida ejemplar en su madurez, pero creo que, como todos, nuestra vida pasa por diferentes ciclos y circunstancias que bien vale la pena recordar. Y, sin duda, Fernando ocupa un lugar privilegiado en el cuadro de honor de los amigos más apreciados.
El autor es exdirector de Los Tiempos



















