Clausura del año escolar, factor de protección mutilado
“Hemos visto por conveniente clausurar el año escolar y se aplica desde este lunes 3 de agosto y todos pasan al siguiente grado”, anunció ayer el ministro de la Presidencia. Inmediatamente surgen posturas, de las más diversas, sin embargo, coinciden en que esta media es desatinada, desacertada, perjudicial para los niños, adolescentes y sus familias.
La familia deberá asumir la educación total, con limitaciones de todo tipo: de tiempo, económicas, académicas, psicológicas, etc. El Gobierno clausura de forma tal que hasta parece un síntoma paranoide, pues no prepararon la clausura ni dieron chance a los colegios para planificar, crear alternativas educativas, actividades extracurriculares, pues los estudiantes estarán de vacaciones seis meses.
Si han estado más de cuatro meses en casa, ahora esa inactividad se prolonga por seis meses, surge la pregunta inmediata, ¿cuál es el cuidado en el tema de la salud mental en las familias?, la decisión del Gobierno no tomó en cuenta a los maestros, tampoco a los padres de familia, estos son los que mayor carga llevarán en esta etapa.
Tenemos la percepción de que la realidad no es una, es imposible comprender la realidad en su conjunto, por un lado, el tipo de familia o mejor la situación económica de la que es parte un niño, niña o adolescente, es decir, familias de escasos recursos económicos. Muchos estudiantes han estado desconectados de las clases virtuales, según estudios de Unicef un 40% del total de matriculados en la escuela- colegio, no participaban de las clases virtuales; no cuentan con un equipo electrónico, no tienen acceso a Internet o simplemente se prioriza a uno de los miembros de la familia para que cumpla sus objetivos.
Asimismo, muchos estudiantes salieron a trabajar a las calles por presión económica, este porcentaje se incrementará, sin duda. Además, al salir a trabajar, se exponen a contagiarse con el coronavirus y así recrudece la vulnerabilidad de enfermar ellos y toda la familia.
Por otro lado, existen familias que sustentan a sus hijos y estos no necesitan trabajar. Es ideal el uso de tiempo libre, supone relajación y ocio, estos pueden ser bien empleados para practicar deportes, leer, aprender música, idiomas, o cualquier expresión de arte, es lo que se llama también factores protectores y son los promueven un estilo de vida saludable. Con las clases virtuales, los niños y jóvenes tenían más espacio –que con clases presenciales– para dedicarse al uso de aparatos tecnológicos, ahora sin clases virtuales tendrán todo el tiempo para este cometido.
Los niños y adolescentes pueden crear adicción a su tablet, celular o computadora, es tal el cúmulo de placer que les proporciona su uso, que muchos expertos lo catalogan como un problema de salud mental. Con los celulares se ha propuesto el término de nomofobia, una vez que están sin su aparato pueden sufrir síntomas físicos y psicológicos de distinto orden, desde enojo hasta depresión, pasando por insomnio y otros.
Del mismo modo, los niños pegados a sus pantallas, cuatro, siete o más horas cada día, enfrascados en sus juegos, suelen manifestar falta de empatía, concentración, atención y frustración, por tanto, ira y agresividad, ya que su cerebro sufre síntomas parecidos a la abstinencia, es decir la supresión de la droga.
Es pues un peligro que nuestros niños y adolescentes estén frente a redes sociales, juegos con conexión ilimitada, padres reportan que sus hijos a temprana edad están viendo pornografía o viviendo ciberacoso. Darles a los estudiantes tanto tiempo libre, pasar de curso sin esfuerzo alguno, es descuidar procesos de autoeficacia, motivación, esfuerzo intelectual, por tanto, refuerzo sin exigencias.
Los procesos de aprendizaje suponen un modelo a seguir, a copiar, estos deben demandar cierto nivel de autoeficacia, es decir, que los estudiantes sean capaces de lograr sus metas, sobre todo académicas, puesto que están en proceso de formación, del mismo modo se deben plantear expectativas reales, capaces de satisfacer sus anhelos. Las autoridades y tutores descuidan estos procesos, por tanto, el estudiante, en su autonomía, es capaz de equivocar el camino a seguir, y de ese modo desvincularse de un estilo de vida saludable, provechoso en su formación y desarrollo.
Tal parece que las autoridades no planificaron en absoluto la clausura, que mutila los factores de protección pues en este tiempo se acrecenta la violencia, rebeldía, uso de drogas, depresión, ansiedad y otros.
El autor es psicoterapeuta cognitivo conductual




















