Cochabamba, peor que nunca
Saber qué es o puede ser una ciudad, saber y entender qué es o puede ser una alcaldía, es algo que excede, de muy lejos, las capacidades y el entendimiento de (casi) todos los alcaldes bolivianos. De todos los puestos del aparato público, debe ser el de alcalde el que más requiere, idealmente, de una persona culta, leída e inteligente.
El gran filósofo Massimo Cacciari fue alcalde de Venecia hasta hace poco. También fue un filósofo otro notable alcalde (A. Mockus) que le cambió todo y para bien a Medellín, Colombia. Y fue filósofo, vaya coincidencias (?), don Enrique Tierno Galván, a quien una vez le escuché pronunciar, en Madrid, uno de sus tan justamente famosos bandos municipales.
Don Enrique, además, fue un eximio traductor del latín. Ahí está su Aurea dicta, la recopilación de dichos y proverbios latinos. Hay uno, entre ellos, particularmente oportuno ahora. Hace pensar, inmediatamente, en el nefasto personaje que tiene secuestrada, ahora mismo, la alcaldía de Cochabamba. Pareciera que hubiera sido pensando en alguien así, en efecto, que Petronio dijo:
“Paratus fuit, quadratem de stercore mordicus tollere”.
Tierno Galván, un exalcalde de verdad, tradujo la frase con estas palabras:
“Estaba dispuesto a coger con los dientes una moneda en el estiércol”.
No otra impresión causa José María Leyes.
Tras haber entrado a la cárcel merecidamente por su intento de robar en el caso Mochilas, por arte de magia saltó otra vez del jergón carcelario al secuestrado sillón edil. Apoyado por sectores que quieren a alguien manejable y que les otorgue lo que les dé la gana, sin que importe, en absoluto, el bien de la ciudad.
Y vuelta a robar, vuelta a tratar de hacerlo. Otra vez los casos y procesos se acumulan: ya también el caso Comidas policiales, o el de un horno crematorio, mientas siguen pendientes otras causas judiciales. Parece que Leyes necesita, para cada paso que da, tener un contralor a su lado. Inclusive debería ir de la mano de un contralor –y sin que este se descuide.
O el otro día anunciaba, como si nada, la entrega de 580 motofumigadoras. Mantener ese número de aparatos funcionando, con todo el combustible y materiales necesarios, es algo que requiere un montón de logística. ¿Y contratarán entonces a 580 personas que manejen esos aparatos? Apuesto que es otro despilfarro estúpido y destinado al fracaso (en dos años serán chatarra o habrán sido robadas), aparte de que, tratándose de Leyes, inmediatamente uno sospecha que debe haber algún chanchullo. (¿A qué santo semejante cantidad de motofumigadoras? ¿A qué precio? ¿Qué modalidad de compra?).
Y peor todavía, si cabe, los planes corruptos de Leyes y sus secuaces: volverse ricos con el tema del tratamiento de basura y con una terminal delirante.
En el primer caso, parece que no quieren saber de la propuesta sueca, inteligente y de buen precio. ¿Les dejaría poco margen de robo? La ciudadanía debe estar atenta.
Luego está el caso de una Terminal en Albarrancho, nada menos que al sur del Sur. Al oprobio se le suma la estupidez. Es algo que hace recuerdo a la nueva terminal de Oruro, que es un adefesio absoluto. Si eso es lo primero que ven de Bolivia los turistas que entran desde Chile, entendería que ahí mismo desistan de seguir su viaje y prefieran volverse.
Y seguro que lo mismo pasaría con esa Terminal que Leyes y sus cómplices sueñan con hacer. ¡A la de robos (comisiones) que daría lugar!
A los designios corruptos se suma una estupidez terminal: ¿cómo llegaría un pasajero a dicha Terminal, absolutamente delirante? Porque solamente, únicamente, exclusivamente un helicóptero, sí, un helicóptero, puede atravesar, de cabo a rabo, todo el Sur eternamente embotellado, sin quedarse tres horas varado en el intento. Si no es con un servicio de helicópteros incluido entonces…
Y por falta de espacio, no me referiré aquí a la serie de tonteras y desatinos que Leyes ya hizo en la que fue su pésima gestión.
El único buen regalo que podría tener Cochabamba en su próximo día de aniversario, finalmente, sería la renuncia y definitiva desaparición de la vida pública de José María Leyes. (¡Y de la gobernadora masista que apoyó los bloqueos!).
Si es él, en cambio, quien mantiene secuestrada la silla edil, con sus oscuros proyectos, ese día será, para toda la ciudad y sus ciudadanos decentes, un 14 de septiembre vergonzoso.
¿Y dicen que van a gastarse medio millón en serenatas? No gracias. Ahora nadie está para serenatas. Que donen ese medio millón (que es nuestro, de los ciudadanos) a las clínicas, hospitales y enfermeras.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.
















