El tentempié en la comunicación cotidiana
Enmarcados en una analogía gastronómica, como internautas pasamos gran parte de nuestro día consumiendo tentempiés, snacks o bocaditos comunicacionales. Un mensaje por ahí, un meme por allá y un par de titulares acullá; a pesar de que todo ocurre en la misma pantalla móvil, la sensación de habitar otro espacio y otro tiempo son inevitables.
Al final de la jornada, como muchos estamos atiborrados de estos maníes, papafritas y nachos comunicacionales. Estos pequeños mensajes, la mayor parte refritos al aceite, que nos colman, nos satisfacen y no dejan lugar para un buen plato, algo contundente que nos alimente. Es así que, carentes de macro y micronutrientes, se reproducen contenidos a todo nivel –amén de los terraplanistas.
Los entornos digitales están llenos de alimento comunicacional. El acceso a la información es mayor que en cualquier otro siglo de la humanidad. La educación, al menos en el sentido autodidacta, está al alcance de todos. El fenómeno de los micro formatos hace que saber mucho en poco tiempo sea una realidad; por ello el auge de los webinars donde se condensan a la mínima expresión profesiones completas y la sabiduría de los locutores es allanada por la información que cabe en un solo libro.
Los momentos muertos son esas instancias de traslado, de espera o descanso. Sucede cuando estamos esperando el bus en la parada, o estamos en la sala de un dentista, incluso mientras terminan de ingresar las personas a una sala de Zoom. Estos momentos históricamente copados por el cigarrillo, se han transformado en la gran victoria de los pequeños formatos, de la publicidad que dura seis segundos. Es cuando te informas por titulares que pueden ser digeridos en quince segundos, suficientes para hacer un juicio de valor de un milímetro de profundidad.
La era de prime time, aquel lugar que la televisión llamaba horario estelar, ocupado por los informativos y las telenovelas, está ocupado por un espacio para el “prosumidor”; donde a pesar de todo lo que he mencionado antes, no sólo consumimos, sino que también nos ocupamos de producir. Escribimos, memes, stickers, jugamos en línea, hacemos transmisiones en vivo y nos empoderamos bajo la lupa del mundo con ojos digitales; en una comunidad que suponemos que nos consume y nos ve a través de un recetario sin sustancia; mucho sabor para poco alimento.
El autor es escritor
Columnas de CAMILO ALBARRACÍN ZELADA


















