La personificación de la masa
El peor de los escenarios, ante la modernidad radicalizada, toma forma cada vez que alguien atribuye un discurso homogéneo a las redes sociales, como si se tratara de un ente superior y todopoderoso. Muchos discursos, unos más peligrosos que otros, se esconden detrás de esta personificación de las redes sociales en una analogía de masa. Cosa que dista mucho de la realidad.
En un análisis básico, una red social es un conjunto de personas que se reúnen con un fin en común. Se pueden contar inmemorialmente muchos ejemplos, desde la masonería hasta un club de lectura, incluso un grupo de señoras que se reúnen todos los jueves a jugar cartas son una red social. La mediación de la tecnología ha hecho que las personas estén más cerca y se junten por afinidad gracias a algoritmos.
A pesar de la mediación de la tecnología, una red social es un grupo de personas expresándose a “tecla en dedo”. Son voces dispares y puntuales; el famoso enjambre de Byun Chul Han o la sociedad líquida de Zygmund Bauman pueden dar pie a buenos debates al respecto. En el fondo, las conversaciones en redes sociales son transcripciones de opiniones comunes que se dan a todas horas y en todo momento.
La gente siempre se ha expresado con libertad, la gente siempre ha enunciado lo que le ha salido del espíritu, del corazón y del hígado en mayor medida. La diferencia es que ahora queda escrito, mas conservan el valor y peso. Por ello, cualquier afán por censurar o mesurar las redes sociales es un acto directo contra la libertad de expresión. Es como si prohibieran las charlas de pasillo en las oficinas, o si prohibieran los comentarios políticos en las cenas familiares. Como si quemaran libros en hogueras.
En ese sentido, la red social contiene el discurso de individuos y no es en sí un discurso de masa. El engaño y el miedo por la palabra escrita vive en esa intensión de desacreditar al individuo y otorgar un carácter axiomático a “las redes sociales”. Lo correcto es atribuir la conversación a individuos y en un mejor escenario es contar el número de personas que conversan, porque el algoritmo engaña y hay cosas más allá de tu nariz.
El autor es escritor
Columnas de CAMILO ALBARRACÍN ZELADA





















