Un minuto de música
Si los músicos observan un minuto de silencio, cuando el común de los mortales se marcha de esta vida, los mortales de hoy, ¿tendremos que hacer un minuto de música, para despedir a quien fue un ángel de ese arte?
¿Cómo poder llorar a Alfredo Laprovítola, si no es cantando? ¿Cómo decirle, al señor del pentagrama, con solo palabras, la forma amarga y dolorida en la que estamos inmersos ahora, a la hora de su despedida?
No tengo palabras y, por ahí, tararear un viejo tango para evocar su origen o una canción de sus pagos para recordar a su San Juan del alma, pero, a lo mejor volvería a mi minuto de silencio para decirle gracias nene, fuiste muy generoso. Conmigo y con todos los que necesitamos de ti para poner a nuestros sueños, las alas de la música y que vuelen vigorosas.
En realidad, entre el silencio y la música, hubo en ti, una profunda afinidad.
Creaste, arreglaste, compusiste y tocaste música, pero fuiste siempre el Maestro del silencio; sencillo, humilde con un talento desbordante.
Nos hiciste una mala pasada. Este pueblo (Santa Cruz) que te debe tanto, se ha quedado sin tu magia. Solo le queda recordarte “ausente, pero no perdido”, porque la música no muere, quedas tú, con la armonía, la melodía y el ritmo de tu frenético ejemplo.
Gracias Maestro, por tu paciencia y dedicación. Haber hecho cosas juntos, generando en largas noches de tertulia, nos unieron fuertemente en la tarea de la creatividad.
Fue un orgullo para mí.
El autor es humorista
Columnas de ADOLFO MIER RIVAS


















