Post 8 de marzo
Ayer, me dicen los medios de comunicación, se celebró el Día Internacional de la Mujer. Ayer se enviaron millones de mensajes, unos de felicitación, otros de reivindicación. Estos últimos piden evitar las felicitaciones, piden conmemoraciones y desagravios.
Prefiero estos últimos y me uno a la solicitud de ONU Mujeres: “Las mujeres del mundo desean y merecen un futuro igualitario sin estigma, estereotipos ni violencia; un futuro que sea sostenible, pacífico, con igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas. A fin de lograr este objetivo, el mundo necesita mujeres en todas las mesas en las que se tomen decisiones”.
Defiendo el pedido porque las mujeres que son jefas de Estado o de gobierno están solo en 22 países, y únicamente el 24,9% de los parlamentarios, en el mundo, son mujeres. Al ritmo de progreso actual, la igualdad de género entre jefas y jefes de gobierno tardará 130 años.
Reconozco que hay avances logrados en la representación de las mujeres, mediante leyes de cuotas de género, y los efectos que tiene la participación de las mujeres en la adopción de ciertas decisiones. O como la creación, hace 37 años, de la Oficina Jurídica para la Mujer, en Cochabamba, instaurada por la abogada Julieta Montaño, quien ha logrado una defensa férrea y promoción de los derechos humanos de las mujeres.
Empero, hay demasiados problemas sistémicos que requieren atención urgente, porque en Bolivia llaman la atención los niveles cada vez mayores de violencia contra las mujeres. Los reportes de feminicidios, violaciones y agresiones a las mujeres van en aumento, en lugar de disminuir. Muchas insisten en la educación. Y a pesar de la insistencia, la violencia hacia la mujer no disminuye.
Entonces, el sistema educativo boliviano, con la ex nueva ley educativa, promulgada hace 11 años, no está produciendo los resultados esperados. Y cuando dice que “el sistema educativo se fundamenta en una educación abierta, humanista, científica, técnica y tecnológica, productiva, territorial, teórica y práctica, liberadora y revolucionaria, crítica y solidaria”, es polvo en el viento, empujado por la ley de fotocopia de carnet, folder amarillo, fila a las 4 am, sellito y firmita que hace de éste, un país amante de la tramitología.
Mientras Bolivia adore a la tramitología, quedará apartada de la eficiencia, exactitud, puntualidad y del respeto a la mujer. Abogo por un 8 de marzo de 2022 con más inclusión, recuperando los nombres de las mujeres de la ciencia que fueron silenciados y olvidados, llevándolos a los libros escolares, y destacando, en otros escenarios a todas las mujeres y niñas, en toda su diversidad y con todas sus capacidades.
La autora espera un auténtico cambio social
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER

















