De mal huevo, mal pájaro
De la misma forma en que se quiere hacerles creer, a los campesinos del norte de Potosí, que quien se vacuna se vuelve un hombre lobo (y muchos se lo creen), hoy Evo, y su gobierno, quieren hacer creer que no hicieron fraude y, encima, tratan de inventar, y de crear, hacer cuajar a la fuerza, armar a cualquier costa, la fantasía de que hubo un golpe.
Así como hay gente capaz de creer incluso que la tierra es plana, sin importar los miles de evidencias en sentido contrario, así también es presumible que existan quienes hayan llegado a creerse, en serio, que el fraude en realidad no fue un fraude, y que la sucesión/solución fue en realidad un golpe. Era un hecho del que no se dudó durante unos días, desde que los ciudadanos detectamos y nos olimos el fraude, y hasta un confuso tiempo más tarde, no había nadie que pusiera en duda que se trataba, se trató, de un fraude. Y sigue tratándose de él. Y ningún ciudadano decente tiene ni tendrá por qué perdonarlo ni por qué olvidarlo.
Sabemos que sólo a posteriori se les fue ocurriendo, no se sabe si a ellos mismos, a quienes jamás se les ocurre nada, o a sus asesores mexicanos, argentinos, venezolanos, cubanos, etc., la idea de que había que hacer desaparecer a toda costa lo del fraude, por todos conocido y hacer aparecer, más bien, un golpe, del que nadie tenía idea.
Y entonces, con tan retorcidos fines, duplicaron obscenamente el presupuesto del Viceministerio de Comunicación (Propaganda), anunciándolo sin ninguna vergüenza. Ahí tienen, entonces, para gastarse casi unos 10 millones de bolivianos al mes (¿cómo lo hacen?), en el mismísimo país, en el que, en plena tragedia y hasta el día de hoy, hay “más de 3.000 médicos y salubristas del sistema público que continúan trabajando sin cobrar sueldo desde hace cinco meses”.
¿No lo dice eso todo?
Hace bien Mesa en negarse a abrir la boca. Es exactamente igual a como si lo quisieran obligar a emitir una declaración sobre la relación de las vacunas y los casos de licantropía.
La canalla jurídica que sumisa obedece primero a sus jefes políticos, y de ninguna manera a la justicia, que hace tiempo desapareció, está constituida por los individuos más deleznables de todo el país. ¿Puede alguien ser peor que un Edwin Blanco, el que siendo fiscal metió a un ciudadano inocente a la cárcel, y lo dejó podrirse ahí años, aun sabiendo perfectamente que era inocente? Bueno, ocurre que Edwin Blanco no es el único de esa miserable calaña. A la misma pertenece el grueso de los fiscales, procuradores, jueces bolivianos. Se peinen como se peinen, son la peor lacra de un país al que despojan de toda credibilidad y seriedad. Sólo en unos pocos otros países más, de todo el mundo, habrá algo igual o peor que los “palacios de justicia” bolivianos.
Mala cosa que todo un partido político, el más grande de Bolivia, se quiera parar, y sólidamente, sobre las resbalosas ciénagas de la mentira. Mala cosa para ellos y mala cosa para todo el país. Nada bueno puede salir de ahí. O, como aquí mismo lo había recordado: Ex ovis pravis prava creatur avis: De un huevo malo nace un pájaro malo.
Pero el problema es que aquí no se trata de pájaros. Se trata de todo un país, de una sociedad nacional en formación que así entonces se mal-forma y se deforma, queda contrahecha; si su propio Gobierno está basado en la mentira, puede ser toda la sociedad la que pierda el criterio de orientación. Y así cualquiera puede llegar a creer, por ejemplo, que la vacuna produce hombres lobo.
El daño que Evo (que nunca más podrá quitarse el mote de el Fraudulento) y el MAS están causando es incalculable, ya que no es el tipo de daño material al que están tan acostumbrados. Aunque no se lo vea, es un daño todavía peor. ¿Qué valor tendrá después de esto la verdad, qué dimensión moral se le otorgará a lo veraz, a la veracidad?
Y para volver más vergonzosa todavía la semana, la diplomacia masista, nuevamente, hizo quedar a Bolivia como un pobre paisucho ridículo y tomado por los más estúpidos y antiéticos de sus ciudadanos: se negaron a censurar la escandalosa y sangrienta represión de la dictadura sandinista, a la que aplauden.
También hace poco, más escarnio aún para el país: “El Observatorio de las Naciones Unidas incluyó a Bolivia, junto con otras 14 naciones, en la ‘lista de la vergüenza’, por no apoyar la resolución de la ONU contra los genocidios, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad”.
Más claro, agua.
De tal forma, Evo y los suyos han convertido a Bolivia en un país canalla y en un país vergonzoso. A los ojos de la diplomacia internacional, entre otros, Bolivia debe inspirar la imagen de un engendro geopolítico folclórico y delirante, macerado en su propia estupidez. Y sin que se vea ninguna luz al final. Todo lo contrario.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.


















